Raúl Castro y la olla de presión cubana. / DDC.-

 

Más decretos leyes y represión en el país con más presos per cápita del mundo. En lugar de tomar urgentes medidas aperturistas que solucionen la crisis, Raúl Castro y su cúpula refuerzan el capitalismo militar de Estado.

ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles 

—El general Raúl Castro y la cúpula dictatorial que él encabeza, en vez de tomar urgentes medidas aperturistas para solucionar o aliviar la gravísima crisis socioeconómica que asfixia a los cubanos, solo se preocupan por afianzar el modelo de capitalismo militar de Estado, corporativo y de tintes facistoides, para afincar el neocastrismo que quieren dejar instalado antes de que los “históricos” salgan de escena por razones biológicas.

Para ello dan pasos de tipo institucional y constitucional, como el Decreto Ley 370 para controlar el “potro salvaje” de internet —según la definición de Ramiro Valdés—, así como el Decreto Ley 349 o Ley Mordaza, y otros ya vigentes, o que vendrán hasta llegar a 27 en total, según ya han anunciado.

Hace poco, el 8 de junio de 2020, activistas en la Isla presentaron una solicitud ante la Asamblea Nacional, el Consejo de Estado, el Tribunal Supremo, la Fiscalía General y Miguel Díaz-Canel, para que sea declarado inconstitucional ese Decreto Ley (de julio 2019) conocido popularmente como Ley Azote. Días después, cerca de 60 organizaciones internacionales y medios de comunicación, en representación de más de 500 residentes en Cuba y de 3.100 personas de 84 nacionalidades, apoyaron esa justa petición.

Una semana más tarde, Cuban Prisoners Defenders (CPD) presentó ante el Alto Comisionado de la ONU una denuncia  de dicho decreto ley, al que calificó de plan “para perpetuar  la dictadura 20 años más” y de “legitimación institucional  para cercenar el campo que se les estaba escapando desde el año 2000: internet y las comunicaciones electrónicas”.

Esta Ley Azote en su Artículo 1 dice ya sin disimulo alguno: “El Estado promueve el desarrollo y utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, con el objetivo de que constituyan una fuerza política”. O sea, que en Cuba no puede haber acceso libre a internet y las comunicaciones, y punto.

También permite fabricar “delitos cibernéticos”, supuestamente contra el “interés social”, “la moral” y “las buenas costumbres”. Puros pretextos para prohibir el uso libre de internet y las comunicaciones fuera del control del Estado.

De esta forma los cubanos quedan desconectados de la quinta revolución tecnológica de la historia: internet (luego de la agricultura, la rueda, la imprenta, y la Revolución Industrial inglesa, en mi opinión). Se les impide insertarse de lleno en el siglo XXI y la modernidad. Condena a Cuba al atraso.

Protagonismo militar, un claro rasgo fascista

Y algo muy importante, en el mundo normal un decreto ley es siempre excepcional. Emana del Poder Ejecutivo, no del Poder Legislativo, en circunstancias de suma urgencia que no permiten esperar a que el Parlamento redacte, debata y apruebe una ley. Son instrumentos técnicamente legales pero no democráticos. Por eso son típicos de las dictaduras militares, especialmente de los regímenes fascistas. Solo en 1938 Benito Mussolini firmó seis, tres de ellos para “legitimar” su posición racista contra los judíos.

Detrás del Decreto Ley 370, y de todos los demás, están los militares y su emporio empresarial GAESA, en su afán por militarizarlo todo, incluida la economía, la política y la cultura (sobre todo los medios). Tal protagonismo abrumador de las fuerzas armadas es un claro rasgo fascista.

En la Italia del fasci di combattimento toda la sociedad estaba controlada  por los militares, con particular protagonismo de las “camisas negras”, de Mussolini, cuyo nombre era Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional. Venían siendo el equivalente de la Seguridad del Estado y las Brigadas de Respuesta Rápida castristas.

También el Decreto Ley 349, de julio de 2018, conocido como Ley Mordaza, tiene olor neofascista. Restringe la creación artística y cultural. Ahora en Cuba ser músico, actor, pintor, escritor, periodista, bailarín o escultor fuera del Estado es un delito.

Imaginémonos que Beny Moré, René Portocarrero, Enrique Santisteban, Eladio Secades o Lezama Lima, hubiesen sido inhabilitados o encarcelados  por no trabajar bajo contrato del Gobierno de Prío o de Batista.

El régimen arguye que es para cumplir mejor la política cultural trazada por Fidel Castro en 1961, acuñada como “Palabras a los intelectuales”. Claro, la dictadura jamás admitirá que la frase “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”  no fue más que la adaptación que hizo Castro I de una de Mussolini, quien para caracterizar al fascismo repetía: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”.

El castrismo, se parece al “franquismo más rancio”

El “Duce” (jefe) italiano sostenía que el fascismo era un socialismo nacionalista. Antes de la Segunda Guerra Mundial el Estado más interventor del mundo, luego de la Unión Soviética, era el de la Italia fascista. Y a propósito de fascismo, hace unos días Javier Nart, dirigente del Parlamento Europeo, declaró que el Decreto Ley 370 castrista le recuerda “al franquismo más rancio de los años 40 y 50”.

La Constitución de 2019 fue también un paso institucional para afincar el capitalismo militar de Estado corporativo, típicamente fascistoide. Entre otras cosas prohíbe a los cuentapropistas que crezcan en sus negocios y acumulen capital. Impide que un sector privado pujante le haga competencia a los militares y entorpezca sus planes.

La ofensiva contra la propiedad privada se evidenció ya en 2017 y 2018 con el tope de precios, la confiscación de equipos y mercancía, la no entrega de nuevas licencias de cuentapropistas, la imposición de más impuestos exorbitantes, la limitación de las licencias a una sola actividad por persona y la reducción de los oficios autorizados de 201 a 123.

Esta ola represiva incluye la utilización de la pandemia del Covid-19 como pretexto para aplastar cualquier muestra de descontento de la población, y también la criminalización de actividades comerciales que son legales en cualquier parte del planeta.

Desde hace tres meses en la Isla se realizan “juicios ejemplarizantes”, más que para proteger a la población del coronavirus, para intimidar o encarcelar a quienes protestan públicamente. Quien grita en una cola que tiene hambre, o que no tiene agua ni jabón para combatir la pandemia, va preso.

Yamila Peña, fiscal general de Cuba, informó que desde que llegó la pandemia al país, hasta el 16 de junio, se efectuaron 2.629 juicios sumarios y 1.914 ciudadanos fueron condenados a prisión o recibieron multas de hasta 3.000 pesos (tres veces el salario promedio), y que hay 1.204 acusados pendientes de juicio, 482 de ellos en prisión provisional.

Cuba, el país con más presos per cápita en todo el mundo

Miles de personas son arrestadas y encarceladas por motivos políticos o sociales, pero con cargos de delitos comunes fabricados por la policía y aceptados sumisamente por los tribunales, como “desorden público”,  “peligrosidad  social  predelictiva”, “desacato”, “atentado”, o “resistencia”.

Es de tal magnitud la represión que CPD reveló recientemente en Madrid que Cuba es hoy el país con más presos per cápita en todo el mundo. Hay 794 reclusos por cada 100.000 habitantes, con unos 90.000 presos tras las rejas, un 35% por encima de los 57.336 reclusos de 2012, cuando había 510 por cada 100.000 habitantes. Y peor aún, hay otros 37.000 condenados que cumplen sentencias no carcelarias, para un total de 127.000 personas privadas de libertad, una cifra asombrosa para un país con 11,3 millones de habitantes

Del Gulag castrista el CPD precisó que al comenzar este mes de junio había en la Isla 134 presos políticos, pero que esos son solo los miembros de organizaciones opositoras o periodistas independientes identificados como presos de conciencia, pues hay al menos otros 10.000 presos políticos que están registrados como presos comunes.

En fin, en Cuba acecha el hambre, crece la desesperación de la gente ante el agravamiento de una crisis existencial que ya percibe como terminal, y Castro II y su claque mafiosa gobernante solo se interesan por seguir viviendo opulentamente en sus mansiones, y en perpetuar manu militari la sexagenaria tiranía, ahora con aires neofascistas.

Pero ojo, el tiro podría salirles por la culata. Le están inyectando tanto vapor a la caldera social que esta puede estallar.