Tarjetas Magnéticas de Cuba. / Archivo.-

 

 

Algunos en la Isla consideran que la convocatoria ‘podría ser un aviso’ para que el Gobierno cubano recapacite. Otros descartan que pueda funcionar.

 

Oficina de Western Union en La Habana.
Oficina de Western Union en La Habana. EFE

 

JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ, para DDC / La Habana .-

—Tener familiares residentes en el extranjero sigue marcando una diferencia sustancial hoy en Cuba, entre quienes reciben remesas y quienes no las reciben, para escapar de la asfixiante situación económica.

“Además de suponer un alivio a la economía doméstica de la familia, las remesas han aportado capital a aquellos cubanos que decidieron pasar al sector privado“, dijo el ingeniero Orestes Martínez, quien junto a su hermano administra una fregadora de autos.

Pero, junto con el aumento de la emigración, también han contribuido “al ahondamiento de la desigualdad social” generada, principalmente, por los experimentos económicos del Partido Comunista, dijo María Eugenia Estrada, especialista en Recursos Humanos.

“No se puede creer que las remesas sean tabla de salvación para todos los cubanos, porque la realidad golpea en la cara”, cuestionó Estrada y mencionó el aumento alarmante de mendigos y personas en situación de miseria que, evidentemente, no reciben ayuda de ningún familiar en el exterior.

“Viajar al extranjero sin la exigencia de un permiso de salida no supuso que todos los cubanos pudiéramos costearnos un billete. Como tampoco fue garantía de que todas las familias tuviesen a uno de sus miembros radicado en el extranjero y velando por la manutención de todos”, apuntó Gabriel Alejandro Román, un joven de 30 años promotor de espectáculos nocturnos en locales privados.

El envío de remesas a Cuba aumentó durante la Administración de Barack Obama, que levantó restricciones en ese sentido impuestas por el Gobierno de George W. Bush.

Desde Estados Unidos sale la mayor parte del dinero y artículos que envían familiares a cubanos en la Isla. La consultora The Havana Consulting Group estimó que las remesas que llegan a la Isla superan los 3.500 millones de dólares anuales. Sin embargo, un informe más reciente de esta misma plataforma indicó que en 2018 las remesas llegaron a unos 6.600 millones de dólares.

“Esos son números bien serios que, a ninguno de nosotros, ‘los sin remesas’, nos tocan”, declaró Luis Cárdenas Lugo, trabajador jubilado de una antigua fábrica de conservas en la localidad del Cerro.

“Mi salario de jubilado es de 350 pesos. ¿Cuántos dólares o euros puedo comprarme con eso? O, peor, ¿qué diablos se puede comprar con lo que resulte de ese cambio?”, dijo Cárdenas Lugo, quien resumió la situación de gran parte de la población cubana y, dentro de esta, los sectores más vulnerados durante los períodos de mayor agudización de la crisis económica del país.

“El Parón”

Pese a las diferencias entre quienes la reciben y quienes nunca se han beneficiado de ellas, las divisas que arriban a Cuba por concepto de remesas generan empleos en el sector privado, sostienen un espacio significativo en el mercado informal y alivian a muchas familias.

Cuando exiliados cubanos convocan el llamado “Parón”, con el objetivo supuesto de hacer colapsar al Gobierno cubano, y llaman a dejar de enviar a partir del 1 de enero del año próximo remesas y recargas a las cuentas de celulares de familiares en la Isla, muchos cubanos de la Isla permanecen ignorantes del tema o escépticos.

“Realmente pensé que ya eso, el envío de remesas, se había solucionado con las medidas que tomó el Gobierno americano”, comentó Juan Manuel Falcón, dueño de un pequeño taller de cerámica. Falcón, que no tenía noticias sobre El Parón, tiene dos sobrinos y una de sus tres hijas radicados en Estados Unidos. Ninguno de ellos le ha comentado al respecto.

“Supongo que los afectados principales seremos los que recibimos remesas, porque los cubanos que no reciben han estado siempre más jodidos, y no creo que este Parón vaya a significar para ellos diferencia alguna”.

El pasado mes de octubre, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, restringió las transferencias de dinero a la Isla a un máximo de 1.000 dólares trimestrales.

La OFAC precisó entonces que el destinatario del dinero no podría ser, en ningún caso, un funcionario del Gobierno de Cuba, miembros del Partido Comunista, o algunos de sus familiares cercanos.

Meses antes, la subsecretaria de Estado adjunta para Cuba y Venezuela, Carrie Filipetti, había explicado que se fijaba ese tope de 1.000 dólares trimestrales porque Washington consideraba esa cifra “suficiente” para permitir que los cubanos tuvieran “lo que necesitaban” sin que eso permitiera al régimen “apropiarse de esos recursos”.

“A veces no me gusta el tono y las palabras que se usan desde el exilio para referirse a nosotros aquí, dentro de la olla de presión”, dijo Félix Benavides, exentrenador de balonmano.

“Creo que cada persona tiene absoluto derecho a decidir qué hace con su dinero, pero no utilizar una excusa que la historia misma demostró que no funciona”, añadió Benavides, quien tampoco recibe remesas, pero trabaja de cocinero en una pizzería privada, abierta por sus dueños gracias al capital que enviaron familiares en Estados Unidos.

“Si alguien se las verá negras, en caso de que este Parón les funcione como comentan, serán los cubanos de a pie, los como yo que vamos de honrados y de una manera indirecta sí somos beneficiados por las remesas”.

En opinión de Tamara Núñez Díaz, vecina de una barriada en Playa, El Parón es “un simple capricho de quienes lo están divulgando, porque los cubanos hemos pasado por todo, incluyendo un Período Especial, y los gobernantes en Cuba ni se inmutaron ni dejaron de darse la gran vida”.

Su hermano Abelardo discrepa. “Las remesas, más las tarifas abusivas de cada uno de los servicios que presta ETECSA, son parte del sostén del Gobierno que nunca se le ocurre una medida que vaya en beneficio y alegría del pueblo. El Parón podría ser ese aviso para que el Gobierno cubano se abra al mundo y a las economías verdaderamente prósperas”, dijo.

La madre de Abelardo y Tamara, radicada en Boston desde hace cinco años, decidió que sí enviará la remesa como siempre y también la recarga telefónica, “porque esa es la única manera de estar siempre comunicada con nosotros y mi abuela”.

“Mami es más centrada, prefirió pensar primero en sus hijos y después en la política”, consideró Tamara.