El general de Ejército Raúl Castro da sepultura a las cenizas de Fidel Castro, Santiago de Cuba, 2016. / XINHUA.

‘Los hermanos Fidel y Raúl Castro han gobernado ya más tiempo que los 14 presidentes que tuvo Cuba durante la República.’

 

Por Roberto Alvarez Quiñones para DDC, Los Angeles.-

—Con el inicio de año 2020 llegó a los 61 años de edad una de las más grandes estafas del siglo XX  en las Américas, si no la mayor: la llamada revolución cubana, cuyo líder, Fidel Castro, fue a su vez el mito de héroe mejor fabricado jamás en Occidente.

Nunca se le ha mentido tanto a un pueblo, para explotarlo tanto. Con promesas jamás cumplidas, los hermanos Fidel y Raúl Castro han gobernado ya más tiempo que los 14 presidentes que tuvo Cuba durante la República (1902-1958),  incluyendo en ella tres dictaduras y ocho mandatarios elegidos democráticamente.

De entrada, es falso que en Cuba era necesaria una revolución social para sacar al pueblo cubano de “la pobreza, el atraso  y la explotación imperialista”, como dicen los textos de las escuelas. El ingreso per cápita en la Isla duplicaba al de España e igualaba al de Italia. Cuba en 1958 estaba entre los diez países que mejores salarios pagaban en el mundo, según datos de la ONU. Fue Fidel quien en lugar de restablecer la democracia prometida realizó una revolución comunista para atornillarse en el poder ad infinitum con el dinero de Moscú.

Fidel nunca fue héroe

Tampoco Fidel Castro fue el héroe que mitificó la propaganda fidelista. No fue heroico en el Moncada, ni en la Sierra Maestra, ni en Playa Girón, ni durante el Maleconazo de 1994. Tampoco cuando fue fascista mientras estudiaba bachillerato, o gángster que mataba o hería a rivales políticos. Ni cuando en 1951 fue a la finca Kuquine y alentó al entonces senador Fulgencio Batista a dar un golpe de Estado al presidente Carlos Prío.

Del Moncada recordemos que, siendo Castro el jefe del ataque, al llegar al cuartel y escuchar los primeros disparos huyó sin avisarle siquiera al resto de los asaltantes que se retiraran pues se había perdido el “factor sorpresa”, y que aquello iba a ser una masacre. Y lo fue, murieron inútilmente 61 de sus 160 colegas, seis en combate y 55 asesinados.

En la Sierra Maestra solo seis semanas antes de que Batista se montara en el avión el 1 de enero de 1959, cuando  ya el Ejército estaba en desbandada y los jefes se negaban a pelear, fue que Fidel Castro bajó al fin de las montañas, en las que permaneció dos años guarecido en su comandancia de La Plata,  acompañado por su secretaria, amante y confidente, Celia Sánchez. Con buena comida, excelentes tabacos, una biblioteca y una emisora de radio a su lado para hacer propaganda.

Desde fines de 1957 y principios de 1958, envió a distintos oficiales al frente de nuevas columnas fuera de la Sierra Maestra. En agosto bajaron las columnas  invasoras de Camilo Cienfuegos y Ernesto “Che” Guevara hacia Occidente. Pero a diferencia de los invasores comandados por Antonio Maceo y Máximo Gómez, ninguna de estas columnas de 1958 iba encabezada por el comandante principal, que prefirió no arriesgarse y permanecer en su segura comandancia arropado por su pareja femenina.

A Playa Girón Castro no fue hasta que los combates cesaron y los brigadistas habían sido derrotados y tomados prisioneros. Ya con todo en calma,  en la playa los fotógrafos Sergio Canales y Tirso Martínez (de Verde Olivo y Revolución) le tomaron las famosas fotos tirándose de un tanque soviético T-34.

Del Maleconazo recordemos que la gran manifestación de habaneros contra el régimen comenzó al mediodía del 5 de agosto de 1994, y Castro fue al lugar de los hechos a las 5:00PM, cuando ya habían sido dispersados los manifestantes, arrestados y muchos de ellos apaleados salvajemente y heridos de gravedad por esbirros del MININT y chivatones del Contingente Blas Roca.

Muy diferente fue lo que hizo Boris Yeltsin en Moscú al producirse el golpe de Estado a Gorbachov el 19 de agosto de 1991. Yeltsin subido en un tanque de guerra se enfrentó a los golpistas y en plena calle llamó a la huelga general y pidió apoyo a la población y al  Ejército. Yeltsin no acabó con un tiro en la cabeza porque el grupo de operaciones especiales Alpha de la KGB, al que dieron la orden de matarlo, inesperadamente se negó a obedecer.

Volviendo a enero de 1959, desde que Castro entró en La Habana vitoreado como Julio César al regresar a Roma de las Galias, todo fue un colosal embuste, letal además. Rápidamente declaró: “Yo no soy un aspirante a presidente de la República… No me interesa el poder”.

“No somos ni seremos comunistas”

El 13 de enero de 1959,  en el Club de Leones, Castro “aclaró”: “No somos ni seremos comunistas”. En abril  viajó a EEUU y dijo en el Club de Prensa de Nueva York: “Que quede bien claro que nosotros no somos comunistas. Que quede bien claro”.  Y en Washington aseguró: “Yo no estoy de acuerdo con el comunismo. Cuba no nacionalizará ni expropiará propiedades privadas extranjeras y buscará, por el contrario, inversiones adicionales”.

Ya en mayo de 1958,  en la Sierra Maestra,  había asegurado: “No he sido nunca,  ni soy comunista (…)  nunca ha hablado el Movimiento 26 de julio de socializar o nacionalizar la industria. Ese es sencillamente un temor estúpido hacia nuestra revolución (…)  nuestra filosofía política es la de la democracia representativa”.

Y prometió que luego del triunfo  habría elecciones presidenciales. Lo reiteró al llegar a La Habana, así como restablecer la democracia y la Constitución de 1940.

El 3 de enero de 1959 puso de presidente provisional de la República  al magistrado Manuel Urrutia, aunque era él, Fidel, quien dirigía el país. Pero ya el 13 de febrero de 1959,  41 días después,  le dio un golpe de Estado a Urrutia. Con una denominada Ley Fundamental sustituyó a la Constitución de 1940  (sin plebiscito alguno) y convirtió al primer ministro en jefe de Gobierno por encima del presidente, abolió el Congreso y trasladó el Poder Legislativo al Consejo de Ministro, que él pasó a presidir.

En mayo de 1959, con la Ley de Reforma Agraria, Castro no entregó a los campesinos sin tierra las fincas confiscadas a sus legítimos dueños, como había prometido desde el Moncada, sino que creó enormes granjas estatales como los sovjoses soviéticos.

Lejos de convocar los comicios prometidos lanzó la consigna de “¿Elecciones para qué?”. Acto seguido expropió y estatizó los medios de comunicación y utilizó la TV para hipnotizar y lavarles el cerebro a los cubanos.

¿Era “estúpido” el temor al comunismo?

El 13 de octubre de 1960 hizo efectivo el “temor estúpido” al comunismo que farisaicamente había denunciado antes y estatizó la economía del país, excepto los pequeños negocios familiares. Cinco meses después declaró el carácter comunista de su revolución y que él era marxista-leninista. Ya sembrado en el poder, no le importó admitir que se había burlado de todos.
Con los subsidios de Moscú el comandante hizo creer que Cuba era una “potencia médica” y en materia educacional y social. Falso. Fue con dinero regalado. La economía castrista no era, ni es, capaz siquiera de sustentarse a sí misma.

Su hermano Raúl, al tomar el mando en 2006,  prometió un vaso de leche para cada cubano, y anunció cambios para mejorar la vida del pueblo. Ni leche, ni cambios reales ha habido. El general mantiene intacto el criminal modelo estalinista y acosa al sector privado; militarizó la economía (GAESA) y puso de presidente títere al inepto pero obediente Díaz-Canel, que “ni pincha, ni corta” (como se decía de Urrutia en 1959); agudiza los rasgos fascistas del régimen al ponerlo todo en manos de los militares y aumenta la represión política y social.

En fin, en 61 años lo único verdadero han sido las decenas de miles de muertos  causados, el empobrecimiento de Cuba a niveles africanos, y haberla convertido en una cárcel de la que todos quieren escapar.