El régimen pretende captar divisas mediante el estreno de tiendas en las que hay que comprar con dólares contantes y sonantes.

 

LA HABANA, Cuba.- La inminente apertura de centros comerciales que facturarán sus mercancías solo en dólares indica que la publicitada igualdad social del socialismo criollo se acerca a su definitiva desaparición.

Desde que se terminaron las multimillonarias partidas monetarias del extinto campo socialista, tras la caída del Muro de Berlín y los cambios operados al interior de cada país europeo tutelado por las tropas soviéticas, sin dejar de mencionar la crisis y posterior desmoronamiento de las estructuras políticas y económicas de la potencia euroasiática, la situación en Cuba ha ido de mal a peor.

Por otro lado, las subvenciones de oro negro provenientes de Venezuela, desde el año 2000 hasta la fecha, han transitado de las generosas y sistemáticas entregas a una asistencia cada vez más precaria a raíz de la agudización de los conflictos internos y a un pronunciado retroceso socioeconómico que apunta a un caos generalizado.

O sea que la escasez y el racionamiento en la Isla van cuesta arriba, y a un ritmo acelerado, a causa de la combinación de los problemas descritos, los efectos del coronavirus en el comercio y la producción a nivel global, sin olvidar las reticencias de los mandamases a dar el visto bueno a una reforma de gran calado que incluya, en primera instancia, el cese de la planificación, el voluntarismo y todos los lastres que han contribuido al afianzamiento de la improductividad y la ineficiencia.

Ante el vaciamiento de las arcas gubernamentales, debido al abrupto descenso de las exportaciones, la paralización de la industria turística y el recorte en el monto de las remesas enviadas por cubanos residentes en el extranjero, que algunos expertos en el tema cifran en más de 3000 millones anuales, el régimen pretende captar divisas mediante el estreno de esta modalidad de tiendas, donde las compras son con tarjetas magnéticas que deben ser habilitadas desde el exterior, en dólares contantes y sonantes.

¿Y las personas que no tengan parientes o amigos con disposición a enviarles regularmente una mesada en billetes del país que la élite de poder y sus amanuenses continúan calificando como el peor enemigo?

De acuerdo a versiones que circulan en las redes sociales, los referidos comercios pertenecientes a la corporación CIMEX, operada por la élite castrense, estarán abastecidos con una amplia gama de productos imposibles de adquirir en las entidades que ofertan en pesos convertibles (CUC), porque no los hay o están muy limitados.

La medida a punto de entrar en vigor, además de humillante y discriminatoria, echa por la borda los pilares del sistema que aún enarbola las banderas de esa igualdad convertida en un igualitarismo ramplón que nada ha resuelto en la práctica.

La llevada y traída paridad social en cuanto a alimentación, vivienda, ocio, acceso a los servicios públicos, etc., es solo parte de un discurso demagógico, mantenido a contrapelo en una realidad que toma mayor distancia de los manuales marxistas-leninistas y se acerca, con premura, a los dominios del capitalismo salvaje.

¿En qué plano queda el peso cubano (CUP), la moneda que reciben los trabajadores estatales, que representan más del 70% de la población laboralmente activa?

Es obvio que se depreciará aún más, como pasos previos a unos niveles de miseria que pueden llegar a ser insostenibles.

De hecho, decenas de miles de cubanos sobreviven en la indigencia a lo largo y ancho de la Isla. Raramente comen tres veces al día durante el mes, no tienen agua potable y viven en inmuebles llenos de grietas y filtraciones.

En ese nutrido grupo hay desde carpinteros y maestros hasta ingenieros y doctores.

Son pocos los que escapan a la espiral de agobios existenciales con recursos propios, es decir, con sus salarios.

Dependen de terceros para paliar las penurias. Preferiblemente residentes en otros lares con capacidad y vocación de tender la mano con un puñado de dólares.

Las particularidades de las ofertas respaldadas por CIMEX anuncian nuevas tormentas sociales.

Veremos cuál es la respuesta del régimen a los que quedan fuera de las posibilidades de acceso a estos centros en dólares para comprar un pomo de champú, detergente, pollo o picadillo de pavo, sin tanto pugilato y seguramente con una mejor atención.

Ya deben tener preparada su arenga patriotera y las puntuales justificaciones. O sea, las respectivas fricciones y ungüentos después de cada azote. Un viejo procedimiento practicado a lo largo de seis décadas.