Personal de seguridad hace guardia fuera del Instituto de Virología de Wuhan en Wuhan mientras los miembros del equipo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investiga los orígenes del coronavirus COVID-19 realizan una visita al instituto en Wuhan, en la provincia central china de Hubei, el 3 de febrero de 2021. (HECTOR RETAMAL/AFP vía Getty Images).-

 

                                                              Opinión

 

Por Dinesh D’Souza / The Epoch Times.-
Actualizado: 02 de Junio de 2021.-
—-Tras las revelaciones de que la Administración Biden cerró una investigación del Departamento de Estado sobre los orígenes de la COVID-19, el equipo de Biden intenta ahora encubrir su encubrimiento. Examinemos lo que estaban encubriendo en primer lugar, por qué es importante, y cómo la administración está ahora pretendiendo tomar medidas mientras no hace nada en realidad.

A finales del año pasado, la Administración Trump, bajo la supervisión del secretario de Estado Mike Pompeo, inició una investigación en el Departamento de Estado sobre cómo la COVID-19 se desató en el mundo, causando una pandemia global con millones de muertes y economías y vidas arruinadas a su paso.

La investigación pretendía determinar si la COVID-19 procedía del mercado húmedo de Wuhan, como se informó en un principio, o si procedía del laboratorio de virología de Wuhan que opera bajo el control del Partido Comunista Chino. Como sabemos ahora, esta es una investigación legítima y una cuestión abierta.

El público estadounidense, y de hecho la gente de todo el mundo, desconoce que los virólogos de Wuhan, en colaboración con virólogos estadounidenses y de otros países, estaban realizando la llamada investigación de “ganancia de función”. En lenguaje llano, esto significa crear virus mortales, o más exactamente, tomar virus mortales y hacerlos más contagiosos y más letales en el laboratorio.

¿No es increíble que ahora, tras más de un año de epidemia mundial, nos enteremos de esto? Imagínese el nivel de engaño de la comunidad científica, por no hablar del gobierno estadounidense y de los medios de comunicación, que es necesario para mantener al público en la oscuridad sobre algo tan escalofriantemente relevante para sus vidas. Los medios de comunicación digitales literalmente prohibieron y censuraron a la gente por insinuar siquiera que la COVID-19 podría ser un virus de laboratorio, tachando tales opiniones de “desacreditadas” y “teorías de la conspiración”.

Sin embargo, la investigación de Pompeo fue más allá de la cuestión de la procedencia del virus. También pretendía examinar una segunda cuestión, no menos escalofriante: ¿Lanzó deliberadamente el régimen comunista chino la COVID-19 como arma biológica? Para empezar a responder a esta pregunta, el equipo de Pompeo buscaba pruebas de la colaboración entre el programa de armas biológicas de China y los virólogos de Wuhan.

Considere ahora la importancia de estas indagaciones y también sus implicaciones. ¿Cómo respondería el gobierno estadounidense y el mundo si resultara que efectivamente la COVID-19 fue utilizada como arma biológica? El régimen chino tenía ciertamente la oportunidad. También tenía un posible motivo, hacer caer a Donald Trump en particular y a la economía estadounidense en general, y mejorar la posición relativa de China en el mundo. Por último, ¿quién puede dudar de que el Partido Comunista Chino tiene tan pocos escrúpulos como para estar dispuesto a hacer algo tan atroz?

Sin embargo, esta es precisamente la investigación que el equipo de Biden puso fin en secreto. Su razonamiento fue que la investigación de Trump era parcial, reforzaba lo que el propio Trump dijo sobre los orígenes del virus y elegía los hechos para apoyar una teoría preconcebida. Como no sabemos lo que el equipo de Pompeo encontró, es imposible evaluar estas acusaciones.

Lo que sí sabemos, sin embargo, es que el equipo de Biden tiene sus propias preconcepciones. El propio Biden está comprometido por los lucrativos negocios de su familia en China. La familia Biden se ha beneficiado de tratos valorados en miles de millones de dólares, y el supuesto ordenador portátil de Hunter Biden contiene la clara sugerencia de que el “gran hombre” —el propio Biden— estaba recibiendo una parte. Aunque va demasiado lejos decir que Biden es propiedad de China, no es una exageración sugerir que está comprometido financieramente con China.

Así que no es de extrañar que Biden trate de proteger al régimen chino de su responsabilidad —directa o indirecta— en la COVID-19. Sin embargo, bajo una fuerte presión por la revelación del encubrimiento, la Administración Biden finge ahora una nueva investigación. Biden dice que ha pedido a la comunidad de inteligencia estadounidense que “redoble sus esfuerzos” para averiguar de dónde vino exactamente el virus.

Sin embargo, cuando le presionaron para que dijera qué haría para obligar al régimen chino a proporcionar el acceso y los datos que ha negado durante mucho tiempo, el equipo de Biden dijo básicamente que su hombre no haría nada. Más bien, esperaba que la Organización Mundial de la Salud, la misma institución cuyos trabajos han sido controlados y rechazados por las autoridades chinas, aportara algo nuevo.

La conclusión es que la Administración Biden no parece tener ningún interés genuino en forzar la situación. Parecen más empeñados en que se investigue a fondo el 6 de enero —lo cual es totalmente innecesario, ya que sabemos lo que ocurrió ese día— que en investigar a fondo un asunto urgente de salud mundial y de seguridad nacional estadounidense.

Incluso si, por algún milagro, la verdad saliera a la luz y resultara que China fue directamente responsable, ¿qué haría Biden? Estoy bastante convencido de que la respuesta es nada. Qué expuestos, qué vulnerables, qué inseguros estamos todos en manos de esta administración.

____________

Sobre el autor: Dinesh D’Souza es escritor, cineasta y presentador diario del podcast Dinesh D’Souza. Fuente: The Epoch Times en español