Despliegue de soldados venezolanos en la frontera con Colombia – Archivo.-

Los asesores cubanos de Nicolás Maduro encaminan ahora todo su trabajo sucio hacia territorio colombiano.

CAMILO LORET DE MOLA, Miami 
Un soldado colombiano durante una operación en Cúcuta, en la frontera con Venezuela.
Un soldado colombiano durante una operación en Cúcuta, en la frontera con Venezuela. REUTERS.

 

—El futuro del Socialismo del Siglo XXI se decide en Bogotá y no en Caracas. Los asesores cubanos de Nicolás Maduro lo tienen claro y por eso han encaminado todo su trabajo sucio hacia territorio colombiano.

A estas alturas el régimen chavista solo puede subsistir si consigue desestabilizar el área: creando focos de crisis en Latinoamérica que obliguen a EEUU y sus aliados a mirar en otra dirección. Y contemplar a Venezuela como un foco de problemas. capaz de irradiar crisis a otros territorios. Un régimen con el que es preferible negociar antes que atacarlo.

Es una vieja estrategia, el régimen cubano la puso en práctica en los años 60 cuando el “Che” Guevara pregonaba la necesidad de “crear uno, dos, tres Vietnam”, aunque en sus afanes por universalizar el conflicto terminó perdiéndolo todo, incluso la vida.

En la Primera Guerra Mundial, Alemania pretendió mantener fuera del conflicto a EEUU, incentivando el caos en la frontera sur de la nueva potencia mundial, buscando alianzas con el Gobierno mexicano para desatar una guerra que ocupara a Washington e impidiera su incorporación en la debacle mundial. Pero un telegrama interceptado terminó por convencer al presidente Woodrow Wilson y los soldados estadounidenses marcaron la diferencia en los campos de batalla europeos.

Con todos estos antecedentes el régimen de Maduro solo dispone de muy pocos recursos para provocar el caos más allá de sus fronteras. Con una economía depauperada y sin un socio que financie sus operaciones, Caracas solo tiene una opción para sus planes “cubanos”: desestabilizar al país vecino, dañar la democracia histórica de Latinoamérica.

Los chavistas no pretenden convertir a Colombia en un país socialista, el objetivo es transformarlos en un desastre, en un territorio sin ley, consumido por guerras internas y crisis sociales que terminen por ahogar al Gobierno de Bogotá.

Un escenario creado artificialmente por ellos y del que solo se podrá salir con la ayuda de ellos mismos, al mejor estilo de Fidel Castro, presentándose a la misma vez como supuestos negociadores o amigos dispuestos.

Colombia ofrece muchas ventajas a los planes desestabilizadores del régimen chavista: cuentan con una amplia y permeada frontera por la que resulta extremadamente fácil moverse en ambas direcciones.

También ayuda la presencia de grupos armados e irregulares siempre prestos a trabajar para el mejor postor.

Es además el destino obligado de miles de emigrantes venezolanos entre los que históricamente se han “colado” miembros de la inteligencia chavista que pueden cambiar sus funciones de espías y soplones a la de agentes desestabilizadores.

Asimismo, Colombia arrastra serios problemas sociales como el narcotráfico (ahora incentivado por el cártel de Los Soles), las guerrillas (tanto las activas como las desmovilizadas), las diferencias sociales y las crisis políticas que no dan descanso al Gobierno de Iván Duque.

Hay igualmente una histórica relación entre ambos pueblos que impide el divorcio a nivel de Estado, por muy demócrata que sea Bogotá y pese al autoritarismo de Caracas.

La estrategia de Washington de atacar el régimen venezolano desde Colombia ha sido infructuosa y equivocada. A Colombia le toca defenderse, cavar trincheras y no organizar ofensivas.

Ya es evidente que no rindieron frutos los esfuerzos de buscar alianzas con supuestos desertores de las fuerzas armadas chavistas, ni organizar levantamientos con los nuevos líderes de la oposición.

Las reuniones del presidente Duque con el presidente Trump no deben servir solo para condenar el narcotráfico o la falta de libertades en Venezuela, deben ser la base para elaborar una estrategia conjunta que les permita enfrentar la crisis interna por venir, un descalabro exportado a su país, que ya comenzó y que se puede ver diariamente en cada pequeño conflicto que agobia su mandato y que terminarán convirtiéndose en un enorme tsunami.

Y es que todos necesitamos que Colombia prevalezca porque, con sus defectos y virtudes, sigue siendo un país de libertad, un referente obligado desde Alaska hasta la Patagonia.

Y hoy es el ojo del huracán, la zona cero de este conflicto irregular, aunque se empeñen en no darse por enterados y sigan mirando a Caracas, en vez de contemplar sus zapatos enfangados.