Viñeta / ALEN LAUZÁN DDC.-

 

¿No sienten vergüenza los jerarcas políticos de la situación de indigencia y atraso en que mantienen al país?

JORGE A. SANGUINETTY, Miami

—Al insistir en “desatar las fuerzas productivas“, Miguel Díaz-Canel probablemente no se da cuenta de la ironía monumental con que se burla de los marxistas cubanos. En la retórica de Marx, la noción de liberar las fuerzas productivas se aplica literalmente al proceso mediante el cual “las viejas relaciones sociales de producción”, o sea el capitalismo, será reemplazado por un modo “superior” de producción, es decir, el socialismo.

El disgusto de Marx sería convulsivo si pudiera saber que lo que en realidad ha sucedido en Cuba y en otros países es precisamente lo contrario: que el llamado socialismo estrangula las fuerzas productivas del capitalismo al máximo y que la verdadera traba de la economía está en su organización socialista. Y ahora viene la ironía mayor: que en este proceso, en vez de eliminar “la explotación del hombre por el hombre”, surge un régimen de explotación del proletariado, dominado por la minúscula oligarquía del partido comunista, cuyos miembros funcionan de hecho como capitalistas monopolistas. Y que la nueva forma de explotación es más feroz y despiadada que la anterior. Entonces tenemos la explotación del hombre por los hombres del partido.

Ahora, el documento de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores, con las recomendaciones que Díaz-Canel les ha pedido para mejorar la economía del país, da lugar para pensar que algunos proponentes quieren que la economía cubana funcione y prospere como si fuera capitalista, pero sin capitalistas, y que las empresas estatales operen como si fueran privadas, pero sin tener dueños.

No es posible predecir cuánto tiempo (y cuánta más acumulación de miseria por el fracaso económico nacional) le llevará a los economistas cubanos convencer a los políticos e ideólogos del patio que están amarrados por una retórica marxista que contradice la realidad; una retórica que, tratando de ser científica, está plagada de metáforas y proposiciones cuya validez no puede probarse empíricamente, condición indispensable de cualquier trabajo científico.

La realidad es que bajo la forma actual de organización de la economía socialista cubana —recordemos que, de acuerdo a la doctrina, no se llega aún al comunismo— los fetichismos de los que habla Marx en su crítica al capitalismo han sido reemplazados por otros fetichismos, el peor de los cuales es la creencia de que una economía puede ser eficiente y próspera bajo una planificación centralizada.

Pero hay muchos otros fetichismos marxistas, el tronco de los cuales es la creencia de que la sociedad capitalista está dividida en clases en conflicto permanente, lo que es una simplificación de la realidad y conduce inexorable y dramáticamente a ignorar la complejidad y el poderío de lo que Marx caprichosamente denominó capitalismo. La realidad que muchos en Cuba prefieren desconocer es que lo que llaman capitalismo es una forma de organización económica mucho más justa y eficiente que la del esquema marxista, definido en el siglo XIX y hoy obsoleto, aunque todavía le queda kilometraje en lo político para explotar la ignorancia de muchos.

El problema del marxismo ortodoxo es que en realidad no entiende cómo funcionan y por qué funcionan unos principios económicos que existen desde mucho antes del invento de Marx en su búsqueda de una razón para liquidar al capitalismo sin comprenderlo plenamente. Como el marxismo y sus ilusiones científicas se han utilizado por oportunistas inteligentes para establecer gobiernos tiránicos con el apoyo de masas ignorantes, la falta de libertad de expresión nunca ha permitido en tales sociedades una discusión franca y abierta de las limitaciones de la doctrina imperante.

En Cuba, la represión del pensamiento es tan absurda que reprime a los propios represores. Ni siquiera los socialistas o marxistas del Gobierno pueden expresar sus ideas a favor de una evolución económica del país emulando los modelos chinos y vietnamitas que, sin dejar de ser absolutistas y despóticos, han por lo menos contribuido a mejorar en alguna medida las condiciones económicas de sus ciudadanos. ¿Qué le impide al Gobierno cubano hacer reformas en esa dirección? ¿Es que se saben tan incapaces que no se atreven?

De este modo vemos con tristeza, en las imágenes satelitales de la tierra, las grandes áreas de oscuridad que cubren Corea del Norte y Cuba, dos de los países más atrasados del mundo. Allí, la falta de luz eléctrica coincide con una gran falta de luz mental.

Cabe preguntarse más: ¿no sentirán alguna medida de vergüenza los jerarcas cubanos sobre la situación de indigencia y atraso crónicos en que mantienen al país, de lo cual son directamente responsables? ¿No les importa saber el modo en que los juzgará la historia? ¿De qué calaña moral están hechas estas personas?