Día de puertas abiertas. En nuestro décimo aniversario, entramos a ‘la cocina’ de DDC y conversamos con algunos de sus hacedores.

DDC, Madrid 

Pablo Díaz Espí (director)

El lanzamiento de DIARIO DE CUBA sucedió en un momento anterior a la web colaborativa y al actual desarrollo de las tecnologías móviles; es decir, anterior a las redes sociales, los smartphones y tantos otros elementos que hoy consideramos indispensables en el mundo de la comunicación. Un momento, por tanto, de una mayor cerrazón informativa en el país. En estos diez años el panorama ha cambiado radicalmente. El régimen sigue teniendo la hegemonía informativa en la Isla, pero ya no posee el monopolio que una vez tuvo.

Para mí, entre los mayores logros de DDC está el de haber contribuido a horadar esa pared. Y no solo en Cuba. También a nivel latinoamericano, cambiando la percepción que existía sobre lo que muchos aún llaman “revolución cubana”. Hoy, los mejores medios de prensa y las más importantes organizaciones de la región son conscientes y denuncian cada vez más la falta de libertades en Cuba.

Un ejemplo de esa horadación del muro es el reconocimiento recibido por DIARIO DE CUBA hace pocas semanas en el Congreso Latinoamericano de Periodismo de Investigación, donde por primera vez se premió una historia de periodistas cubanos.

Ya sobre nuestro trabajo en específico, valoro especialmente la constancia, el hecho de llevar una década informando cada día, sin pausa, sobre lo que sucede en Cuba. Es verdad que picar la piedra de esa manera resulta agotador, y que a veces uno piensa: ¡por qué no se nos ocurrió hacer un semanario, o una publicación mensual! Nuestras vidas tendrían algo más de calma. Pero luego llega el premio de la influencia diaria, el agradecimiento de los lectores, y eso te lleva a ir a más.

Los retos son muchos, pues ya no basta con llevar información, sino que se trata de formar conciencia, ciudadanía. Hay que mantener el paso tecnológico, burlar la censura, alcanzar a más cubanos. Pero no hay que agobiarse. Hay que limitarse a avanzar paso a paso, y puertas adentro, tal y como hacemos, reírnos hasta de nosotros mismos.

Adriana Zamora (periodista recién exiliada en Holanda)

Para mí el trabajo con DIARIO DE CUBA es un espacio de libertad, porque me ha permitido acercarme a temas de la realidad cubana que siempre me habían preocupado, pero que en otros medios nacionales se censuran. Gracias a mi trabajo he podido decir lo que pienso —aún cuando vivía en un país donde tener opinión propia es un delito—, y esto no solo lo he aplicado en el periodismo, sino en mi vida. Por último, lo que más me ha enriquecido es la oportunidad de prestar mi voz a esos cubanos que quieren contar su realidad y no tienen los medios para hacerlo, ni quien los escuche.

En cuanto a la represión contra los periodistas, pienso que irá aumentando en la medida que la situación empeore para el Gobierno. Dado que al Gobierno de Cuba no le interesa arreglar los problemas, sino ocultarlos, su principal enemigo será siempre el periodista que diga la verdad que se quiere negar. Por eso la situación de los periodistas independientes en Cuba ha estado haciéndose más dura en los últimos tiempos.

Periodista en Cuba

Para mi, trabajar en DIARIO DE CUBA ha representado una gran escuela y un reto permanente, mucha adrenalina y un aprendizaje diario. Saber dónde está la noticia y buscarla a pesar de todos los riesgos que conlleva ha sido una de las grandes enseñanzas que me ha dejado este diario digital y que te marcan para toda la vida. Ser periodista dentro de Cuba es riesgoso y a la vez apasionado, ha sido llevar el mensaje del periódico a muchas personas que no lo conocen, experimentar en muchas ocasiones el temor de tus fuentes a revelar lo que saben. Ha sido hallar la noticia de manera fortuita e inesperada. Ha sido y será siempre experimentar la gran responsabilidad que como periodistas tenemos al expresarnos con la libertad que la prensa oficial desconoce. Eso es lo más importante y lo que siempre nos impulsa a ser precisos y veraces.

Antonio José Ponte (vicedirector)

¿Para qué hacer coincidir el día político y la literatura, el diario de noticias y la sección “De Leer” como hemos hecho en estos diez años?

¿Por qué, si podría considerarse que resultan antagónicos? La literatura imaginando sus otoños y primaveras, imaginando desde el trópico la nieve. La política sin tiempo que perder en esas imaginaciones, haciéndose y ya.

Pero es que las noticias de cada día van a terminar por ser historia. Y convertirse en historia, en interpretación sobre los hechos, es la manera de imaginar otoños y primavera y nieve que la política tiene. Es su modo de proceder más cercano a la literatura.

La política, y más aun la lucha política contra un régimen totalitario, requiere de un tremendo esfuerzo de imaginación. Hacia esa imaginación —literaria, política, histórica— van encaminados todos los textos que publicamos en DIARIO DE CUBA: el seguimiento de la actualidad, los artículos, los editoriales, la literatura y las imágenes.

Periodista en Cuba

DDC ha sido mi salida de una burbuja donde la realidad aún es manipulada, hacia el mundo como es.

Hacer periodismo para DIARIO DE CUBA en la Isla continúa siendo todo un desafío, algo que ha forjado mi personalidad y fortalecido mi enlace con esa clase oprimida de la que formo parte.

Desde el momento en que fui invitado al equipo, crecí en el plano profesional y personal. Aprendí mucho, no solo de la parte del equipo fuera de Cuba, sino también de mis colegas aquí en la Isla, quienes hoy celebramos con regocijo este décimo aniversario.

Lien Carrazana (redactora, redes sociales)

En estos diez años, DDC se ha posicionado en las redes sociales convirtiéndose en un medio de referencia entre los internautas. Con 24.800 seguidores en Twitter y más de 163.000 en Facebook, el 50% de nuestro tráfico web actualmente proviene de estas plataformas sociales. Somos un punto de encuentro virtual para cubanos dentro y fuera de la Isla, además, contamos con una gran cantidad de seguidores de Venezuela, México, Paraguay, Colombia, Ecuador, España y Estados Unidos. Entre nuestros lectores en Facebook e Instagram el 47% son mujeres, y el 52% hombres, siendo los jóvenes de 25 a 34 años el grupo mayoritario. Miami, Caracas y La Habana se afianzan como las ciudades desde donde más nos visitan.

Periodista en Cuba

Trabajar para DIARIO DE CUBA desde el Oriente del país es un reto. Significa amar la verdad y querer que salga a la luz, a pesar de la represión que sufrimos. Veo el futuro de DDC como el de un diario digital relevante, con noticias de Cuba. De manera individual es un privilegio trabajar aquí, por la profesionalidad en su desempeño y el respeto que se profesa al periodista y a su libertad de expresión.

Carlos Alejandro Rodríguez Martínez (el miembro más joven de la Redacción)

Hace tres años, desde una sala de navegación de internet en Cuba, uno de mis amigos envió dos de sus notas a DIARIO DE CUBA. No conocía a otros periodistas del medio, ni tenía contactos con los editores o el director. Pero fue hasta la sección de Contacto de la página web, se presentó, copió sus textos y dio “Enviar”.

Yo, que todavía trabajaba en el semanario Vanguardia, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba en Villa Clara, no me había desprendido de muchos prejuicios sobre la llamada “prensa opositora” o “enemiga”. Aún no me atrevía a decir “régimen” o “dictadura”, aunque ya había aceptado, en silencio, que Cuba no era una democracia, ni un Estado de Derecho.

“¿Por qué quieres colaborar con DIARIO DE CUBA? Ahora sí que la Seguridad del Estado te va a hacer la vida imposible”, le solté a mi amigo.

En ese momento, no podía saber que tres años después yo mismo iba a convertirme en el periodista más joven de DDC.

Justo ahora, en el instante en que reporteros y editores celebran en Madrid y La Habana una década dedicada al periodismo, se cumplen 72 horas de mi entrada al diario. Hasta hoy, yo nunca había participado en las rutinas de una redacción diaria, ni me había sometido a la esclavitud de los ciclos noticiosos que se renuevan constantemente en la era de internet.

Desde que salí de la universidad, me tomó tres años llegar a la escuela de periodismo que comienza después del ensayo. Tres años más tarde, he venido a sorber a una fuente de periodismo comprometido no con un partido único, sino con la dictadura del rigor y la inmediatez, la única posible.

Mirta Fernández Laffitte (jefa de Redacción)

El solo hecho de hacer periodismo dentro de Cuba es un reto, por los obstáculos para acceder a fuentes oficiales y documentos, sobre todo si se trata de periodistas independientes. A esto se suman la dificultad para distribuir contenidos dentro de la Isla, por el bloqueo al acceso a DIARIO DE CUBA que mantiene el régimen; la atomización de los públicos, que obliga a repensar constantemente la elección de temas, formas de abordarlos y presentarlos, y la creciente velocidad del acontecer noticioso en Cuba.

Sin embargo, el mayor reto es la represión del régimen. En los últimos años, los periodistas se han convertido en blanco prioritario de la Seguridad del Estado, y prácticamente todos los miembros del equipo de DIARIO DE CUBA en la Isla han recibido algún tipo de represalia.

Varios han sufrido detenciones de hasta tres días, el allanamiento de sus viviendas y el robo de equipos de trabajo y bienes familiares. Tres se han visto obligados a partir al exilio por el constante acoso de las autoridades. Otros han sido citados a interrogatorios, amenazados con cárcel, y la mayoría ha tenido en algún momento prohibido salir del país. Uno de nuestros periodistas, Osmel Ramírez, lleva ya más de 760 días “regulado”, lo cual es el (triste) récord nacional.

Juan Arturo Gómez Tobón (periodista en Colombia)

Trabajar para DIARIO DE CUBA ha sido una experiencia dignificante para el oficio del periodismo. Es un medio que construye verdad, esa verdad que tanto exige el pueblo cubano, verdad construida sin apegos ideológicos y que nunca ha caído en el juego del poder de las ideologías de extrema.

En DDC se trabaja con las uñas, sin los grandes recursos técnicos ni económicos de las grandes cadenas, pero eso no nos ha impedido estar a la vanguardia de la información y ser reconocidos como un medio serio, que antepone la dignidad, la verdad y el respeto a los Derechos Humanos al rating.

En cuatro años de labor nunca, pero nunca he sido censurado. Todo lo contrario, en momentos difíciles me han exigido hacer un alto en el cubrimiento de los hechos y anteponer mi salud y seguridad.

Cuando recibí la llamada de DIARIO DE CUBA para cubrir el drama migratorio en el Darién, pensé: que pereza, trabajar para un medio de la oposición cubana en el exilio. Pero cuando entré a su portal, me llevé una impresión grata. Vi en DDC ese periodismo que siempre he soñado hacer, constructor de la verdad, cercano al pueblo, respetuoso de la diferencia y cuidadoso de caer en eso que en Colombia llamamos la pornomiseria.

En estos cuatro años que hemos cubierto la realidad de la migración irregular, nos hemos convertido en un medio referente en el tema en América, a tal punto que fui invitado, junto a 21 periodistas y 17 medios del continente, a formar parte de una investigación de largo aliento sobre el fenómeno migratorio irregular a nivel mundial.

Pero la mayor satisfacción la he recibido de la madre cubana que me dijo: “gracias, de todo corazón, gracias a la labor de ustedes, mi hijo y mis nietos están vivos, sus constantes notas los han tenido informados de los peligros y sus denuncias han servido para que se respeten los Derechos Humanos del migrante”.

Por último: gracias DIARIO DE CUBA por hacer visible el drama migratorio y por salvar decenas de vidas. La única gran pretensión del periodismo es darle voz a los que no tienen voz y este pensamiento es la línea editorial de DDC.

Osmel Ramírez Álvarez (periodista)

Trabajar en DDC dentro de Cuba es riesgoso pero muy edificante, porque sabes que mientras más odia y teme el sistema totalitario a un medio independiente, es porque mejor trabajo comunicativo está haciendo. Y es un privilegio ser útil a la nueva Cuba que estamos empujando desde este frente de batalla, hoy el más importante, la información veraz.

Para mí, el futuro de DDC dentro de Cuba es que le llegue a más gente, ya sea porque obliguemos al Gobierno actual a desbloquearlo, a levantar la censura, o porque la gente aprenda cada vez más a burlar esa censura. Más aún hacia el futuro, veo a DDC radicando en Cuba, no en España, y siendo el diario más leído en Cuba, el más importante, hasta con tiradas impresas. Y entonces estaré más orgulloso todavía de haber sido parte de este proyecto desde estos tiempos.

Lindomar Placencia (desarrollo tecnológico)

A pesar del bloqueo a nuestra web en la Isla, llegamos a Cuba por otras vías: a través de un boletín diario de noticias y titulares por mensajería; muchos lectores sortean la censura usando VPN o visitando nuestra página en el Google Play Kiosco, donde se pueden leer todos nuestros contenidos íntegramente. Contamos también con un boletín semanal con lo más destacado y píldoras en inglés vía e-mail para el público angloparlante.

Con la expansión de internet en Cuba en los últimos años, aspiramos a llegar a cada vez más lectores en la Isla y ofrecer la información que no aparece en los medios oficiales, por ello también apostamos por los contenidos audiovisuales tanto en las redes como en YouTube, donde Cuba se coloca ya en el último trimestre como el tercer país desde donde más nos ven.

En estos 10 años se desarrolló para diariodecuba.com una infraestructura robusta y flexible que permite dar soporte a las necesidades del periodismo digital. En este aniversario aún trabajamos para terminar la migración de los contenidos del archivo a nuestro actual sistema de gestión y lanzar un nuevo servicio de podcast para que los lectores puedan disfrutar de los programas de DDC Radio.

Vamos a seguir haciendo cambios que aporten formas de sortear la censura, pluralizar el debate y ofrecer nuevas funcionalidades que faciliten la distribución del contenido, y que aporten nuevas herramientas a los periodistas para gestionar su trabajo.

El Comeclaria

Cuando, en el aburrimiento de la charca, se oye un chapoleteo, hay que moverse rápido para conseguir algo. Hablo de la pesca de la claria. Ese chapoleteo significa que Mariela Castro Espín ha dicho algo. “Moco pegao”, por ejemplo, con su perfecta voz de claria.

O Silvio Rodríguez se ha dado cuenta, de repente, de que en Cuba la gente vive mal.

O Aleida Guevara March se pone a recordar, a propósito de cualquier cosa, a su padre.

O Lis Cuesta se ha embutido en un modelito nuevo para enfrentarse a las cámaras, al lado de su presidencial y titiritesco esposo.

En un universo como el castrista, donde la nomenclatura y sus herederos intentan volar por debajo de los radares, son estas las señales que ocupan y le hacen la vida divertida a un comeclaria.

Ojalá que también a sus lectores. Es un placer escribir para ustedes, lectores de DIARIO DE CUBA. Que sigamos viéndonos, y no los beso porque tengo la boca embarrada de pescado.

Periodista en Cuba

Estar aquí provoca una mezcla de orgullo y responsabilidad. Orgullo por pertenecer a un proyecto sagaz y profesional, parte ya indiscutible de la memoria nacional. Y responsabilidad por saber que ahora me toca a mí ayudar a sostener este proyecto, aún en condiciones de represión.

Mi reto personal es elevar mi techo para merecer estar, y seguirme superando gracias a lo que me ha enseñado el equipo de la redacción.

Periodista en Cuba

Formar parte del equipo de DIARIO DE CUBA me ha dado libertad, aunque sin olvidar mi responsabilidad con los lectores de ser, si no objetiva, porque eso es quizás muy pretencioso, honesta. Cuando hablo de libertad me refiero también a que me he sentido libre incluso de discrepar dentro de DDC. Eso, en la prensa oficial, es casi impensable.

El futuro, desde el punto de vista individual, siempre es incierto. Mañana podría estar haciendo otro tipo de trabajo. Pero tengo la seguridad de que DDC aumentará su repercusión en el futuro. Un ejemplo del crecimiento ha sido la investigación sobre la contratación de los médicos cubanos en Brasil, merecedora de una Mención Honrosa en el Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación.

La represión contra los periodistas es otra muestra de que Diario es, y continuará siendo, una piedra en la bota del régimen.

Jorge Enrique Rodríguez (periodista)

Diez años dando “el berro”, dando voz y voto al ciudadano, y formando a periodistas.

DIARIO DE CUBA ha representado para mí ese espacio de superación personal y profesional donde reencontré el sentido intrínseco de ser “ciudadano”. Me ha servido, en mi quehacer dentro del equipo, para dar (y darme) voz crítica de la realidad social y política que acontece en el país. DDC marca un antes y un después en mi trayectoria.

Trabajar para DIARIO DE CUBA dentro de la Isla es complejo, y al mismo tiempo, una motivación que me retroalimenta: es una razón de ser.

El hecho de ser hostigado por trabajar para DDC, y de los riesgos que ha implicado (e implicará en lo adelante) relatar la Cuba profunda, ha dejado en mí una actitud de respeto absoluto al oficio de hacer periodismo en un escenario adverso.

No me quedan dudas respecto a que DDC será un periódico de primera línea (ya lo es, de hecho) en la Cuba de mañana, verdaderamente republicana y democrática; con plenitud de derechos civiles y políticos; con las libertades de expresión y prensa realmente garantizadas.

En estos diez años DDC se ha caracterizado por un periodismo serio, con un enfoque puntual para medir el escenario político, social, cultural y económico del país.  Acompañar a DDC en este proceso (desde su interior, como parte del equipo), y leerlo como ciudadano, me permite avizorar y afirmar que, en esa Cuba libre, DDC será imprescindible.

Roberto Álvarez Quiñones (el periodista más veterano)

En este feliz décimo aniversario de DIARIO DE CUBA me atrevo a dibujar así la gran estatura mediática que ha logrado: es como el buchito de café tempranero tan enraizado en la cultura cubana (hasta la llegada de los Castro, pues hoy el café puro casi ha desaparecido). Al menos yo —y no soy el único—, si no leo en la mañana DIARIO DE CUBA, no empiezo bien el día.

La principal condición que da a un medio de comunicación su relevancia es su credibilidad. Y eso lo logra DDC con un serio trabajo profesional, que incluye no publicar notas solo porque tengan “gancho” para atrapar al lector, sino sobre la base de una aguda valoración, con buen olfato político, y saber discernir entre lo veraz y las fuentes confiables, y lo dudoso y las fuentes no confiables.

DDC cubre un gran universo noticioso, con reflexiones y artículos. Sus editores saben encontrar ángulos novedosos y facetas críticas de la realidad cubana.  Así el lector se acerca más exactamente a esa realidad.

En estos 10 años a la dictadura le rompieron definitivamente el monopolio de la información. Con el “potro salvaje” de internet (según Ramiro Valdés), ahora muchos en la Isla tienen acceso a información veraz. Y ahí DDC tiene un gran peso.

Amigos y colegas me dicen que este es el medio de la diáspora cubana más completo y confiable. Cierto. Por algo la cúpula castrista le ha declarado la guerra a DIARIO DE CUBA. Seguramente eso lo tuvo en cuenta el Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, cuando accedió a ser entrevistado por DDC. A ese nivel no se conceden entrevistas a medios que no sean respetables, creíbles, y muy leídos.

La dictadura impide a los cubanos leer DIARIO DE CUBA, no quiere que se conozcan las entrañas del régimen, para ellos aún ignotas. Pero clandestinamente son cada vez más quienes sí se enteran de lo que dice DDC. Además, los jerarcas estalinistas sí lo leen. Y a ellos también nos dirigimos quienes tenemos el honor de escribir en este ya veterano medio cubano.