Yamilka Abascal Sánchez fundadora de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana (MDJC).-

 

Por Carlos Cabrera Pérez para DDC.-

—Yamilka Abascal Sánchez (Pinar del Río, 1989) acaba de cumplir una sanción de dos años de reclusión domiciliaria por enfrentarse a la dictadura cubana y está en Madrid, en tránsito hacia Ginebra, donde denunciará ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, el encarcelamiento de su esposo y la situación que padecen ella y los tres hijos de ambos, menores de edad.

Miembro de la directiva de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana (MDJC), Abascal Sánchez fue juzgada con ocho meses de embarazo y avisa que de no cejará en su empeño de formarse y formar a otros jóvenes en valores cívicos y políticos y en denunciar el ensañamiento de la dictadura castrista contra su familia, privando a su hijo mayor de poder comer en su colegio y a los dos menores de asistir a un Círculo Infantil.

¿Cuáles son los objetivos de la Mesa de Diálogo de la Juventud Cubana?

Somos un grupo de ciudadanos que trabajamos para promover un cambio a la democracia en Cuba, de forma pacífica y para ello estamos formando a jóvenes de todo el país en el conocimiento y los valores democráticos, derechos humanos, y pluralismo político, incluido el aprendizaje de diseño y desarrollo de propuestas políticas a favor de las personas.

En mi caso concreto, además de pertenecer a la dirección de la Mesa (Diálogo de la Juventud Cubana) realizo mi labor específica de formación en valores en San Juan y Martínez (Pinar del Río, Cuba) y en su ámbito de influencia.

¿Cuál es la situación de vuestro movimiento en San Juan y Martínez?

Ahora mismo estamos siendo hostigados por la Seguridad del Estado y sus informantes, que trabajan para impedir que los jóvenes que se acercan a nosotros puedan recibir formación y, al mismo tiempo, intentan dificultar mis desplazamientos a La Habana y otros lugares de Cuba, como miembro de la Mesa para seguir formándonos e impartir talleres especializados.

Tú acabas de cumplir una sanción de dos años de reclusión domiciliaria, tu esposo lleva preso dos años, tras ser condenado a prisión por cinco años; y tenéis tres hijos. ¿Cómo es tu día a día?

Mi día a día es bastante complicado porque a la pobreza impuesta que sufre la mayoría del pueblo cubano, hay que sumarle nuestra situación específica bajo la hostilidad de las fuerzas represivas de la dictadura.

Imagínate vivir y trabajar todo el tiempo vigilado, incluso por vecinos cercanos –algunos, no todos– que mantienen una buena relación formal conmigo y luego informan a la Seguridad del Estado.

Por ejemplo, nuestro hijo mayor pudo acceder al régimen escolar de seminternado (permanece en el colegio hasta por la tarde y almuerza en él) en un colegio cercano a la casa de una tía mía que me ayuda en todo lo posible y que funge como tutora de los niños, en caso de que a sus padres nos ocurra algo.

Hace poco, la dirección de la escuela privó a mi hijo mayor de ese derecho, y ahora tiene que ir a la escuela por la mañana, ir a comer a casa, y luego volver. Lógicamente, eso lo han hecho azuzados por la Seguridad del Estado y represaliando a un niño de ocho años que nada tiene que ver con la actividad opositora de sus padres.

El pretexto usado es que la opción de comer en el colegio es solo para los hijos de padres que sean trabajadores estatales, que no es nuestro caso, y hay días en que no puede volver por la tarde al colegio porque no hay guaguas debido a la crisis del transporte.

En el caso de los más pequeños, tampoco tenemos derecho a Círculo Infantil por la misma razón con la que quitaron el comedor al mayor.

¿Cuál es el motivo de la detención tuya y de tu esposo y vuestras posteriores condenas?

Mi esposo, Rolando Casares Soto, y yo íbamos a participar en una rueda de prensa en La Habana (2016) con periodistas independientes y corresponsales extranjeros acreditados en La Habana y la seguridad impidió que pudiéramos salir de San Juan y Martínez el día que debíamos trasladarnos a La Habana y fuimos juzgados y condenados, ten en cuanta que yo fui juzgada con ocho meses de embarazo, ni siquiera tuvieron en cuanta mi estado; y Rolando cumple su condena de cinco años, de la que ya ha extinguido dos.

Nosotros nos enfrentamos ese día con miembros de la Seguridad del Estado y de la policía, incluso a uno de ellos le arranqué la charretera con sus grados, y cuando fuimos a juicio nos acusaron de Desacato, que forma parte de la nueva táctica de la dictadura, encauzar a luchadores políticos por supuestos delitos que no solo no hemos cometido, sino que no sean políticos para intentar rebajar la cifra de reos por motivos políticos en Cuba.

¿A qué obedece tu presencia en España y tu próximo viaje a Ginebra?

A la necesidad de denunciar la situación de mi esposo, como preso político de la dictadura cubana, y las condiciones que padece en la cárcel y quiero denunciar ante la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas lo que estamos viviendo como familia, por culpa del gobierno de Cuba, al que no dejaré de reclamar la libertad de mi esposo y padre de mis hijos.

Y, por supuesto, quiero contar en Ginebra y Madrid los atropellos del régimen cubano contra la oposición y todos sus intentos de intentar contener la indignación de muchos cubanos ante la falta de libertad y pan que padecemos.