Mariela Castro y, detrás, Manuel Vázquez Seijido, vicedirector del CENESEX. / VANGUARDIA.

 

 

El vicedirector del CENESEX ha hecho suficientes méritos justificando la represión como para sentarse en la Asamblea Nacional.

BORIS GONZÁLEZ ARENAS para DDC, La Habana 

—Ahora que el diputado Luis Ángel Adán Roble ha abandonado la carroza parlamentaria presidida por Esteban Lazo, se haría necesario sustituirlo por alguien como él, joven, activista de los derechos LGBTIQ y gay. De lo contrario, sería Mariela Castro la única activista miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Lo cual no está bien porque, además de ser la hija de Raúl Castro, es heterosexual.

Es una cuestión de imagen. Pocos candidatos reúnen mejores características que Manuel Vázquez Seijido, que, según las malas lenguas, me refiero al diario Granma, ostenta el puesto de vicedirector del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), del cual es directora Mariela Castro. Pero Manuel Vázquez Seijido no debe sus méritos únicamente a su cercanía con la Infanta, sino que tiene méritos propios.

La primera vez que recuerdo haber escuchado hablar de Vázquez Seijido fue por boca de Sirley Ávila León, la delegada de circunscripción de Las Tunas que alcanzó celebridad por su decidida defensa de las escuelas rurales mandadas a cerrar por el Gobierno de Raúl Castro en el año 2010. La medida obligaba a muchos niños a caminar decenas de kilómetros diarios para llegar a los centros docentes que sobrevivieron la purga.

Me contó Sirley que, en su movilización por revertir el cierre de las escuelas, visitó numerosas instituciones estatales sin recibir respuesta. Entre ella estuvo el CENESEX, donde se entrevistó con Manuel Vázquez Seijido, entonces asesor jurídico. La activista le planteó al abogado que le pidiera a Mariela que intercediera con su padre en favor de las escuelas rurales. Tampoco ella obtuvo respuesta en esta ocasión.

Pero la celebridad oficial de Manuel Vázquez Seijido no se debe a aquel episodio anecdótico. Ha sido el año en curso el de su definitiva consagración pública.

El 11 de mayo de 2019 se celebró la marcha contra la homofobia organizada en el Paseo del Prado de manera espontánea luego de que el CENESEX cancelara aquel remedo de marcha que habían organizado años anteriores, y al que bautizaban de “conga”.

La jornada no solo fue un éxito, sino que la represión castrista exhibió que el alcance de su barbarie no ceja frente a ninguna reivindicación.

Dos días después de la marcha, la Mesa Redonda de la televisión oficial exhibió a la directora y el subdirector del CENESEX en todo el alcance de la descomposición de su mito que el escándalo supuso. Fue allí donde Manuel Vázquez Seijido enunció la paradoja que días después culminaría en todo su brillo teórico y que podría definirse como la paradoja de Seijido, según la cual los activistas no existen, a menos que lo digan él o Mariela. Pero vayamos por partes.

Para validar la agresividad que concluyó con numerosos detenidos, entre los que me cuento, y la golpiza infame al científico Oscar Casanella a pocos metros de su esposa e hijo, Vázquez Seijido argumentó que las personas allí presentes “nunca han ido a nuestras congas, que leyendo sus agendas personales nunca el tema de los derechos de las personas LGBTI ha ocupado un lugar importante, de hecho no han ocupado ningún lugar”.

De este modo, si no has ido nunca a una “conga del CENESEX” no solo no tienes derecho a llamarte activista por los derechos LGBTIQ, sino que es legítima la violencia contra ti.

La paradoja de Seijido tomó cuerpo definitivo al mes siguiente cuando desautorizó, desde su cuenta en Facebook, la legitimidad de Haydée Milanés como activista. La cantante había asistido a la marcha y se opuso públicamente a la represión.

“Podrá tener los méritos que quieran”, publicó Manuel Vázquez entonces, “pero el apoyo a las personas LGBTI no es uno de ellos”.

Y concluyó su publicación afirmando: “El hecho que, evidentemente perdida, haya apoyado el mes pasado ‘algo’, no la convierte en aliada”.

Según la paradoja de Seijido, alguien que nunca ha sido un activista no tiene legitimidad para marchar, y es correcto que lo arresten o golpeen. Se vuelve una paradoja, pues alguien que nunca ha marchado, para poderse reconocer activista, tendría que poder ir a una marcha, lo que Seijido, su directora Mariela, y una generosa caterva paramilitar le prohíben.

A inicios de noviembre, Manuel Vázquez Seijido avivó una nueva polémica. Esta vez con Luis Ángel Adán Roble, el diputado que poco después abandonó el curul parlamentario. Adán Robles había cuestionado los obstáculos para conseguir viajar a Colombia a un evento de activismo LGTBIQ. Algo que había hecho en el pasado sin encontrar el estorbo que suponían ahora una Asamblea Nacional que le pedía una carta de la facultad en que cursa estudios, para emitir la cual su decana le reclamaba una carta del CENESEX que Vázquez Seijido, y al parecer la propia Mariela Castro, según deja ver Seijido en su respuesta, le negaban.

La respuesta de Vázquez Seijido enumera diversas “pullitas” donde se desentiende de la obligación de dar ningún aval, y si reconoce que extendió el documento para su viaje anterior, este había sido con la “intención de que ‘crecieras’ políticamente y como persona”. Para añadir luego: “Me apena decírtelo, pero no creo que fue palpable tu crecimiento”.

Con ese tono humillante y autorizado, Manuel Vázquez Seijido exhibe el último rasgo que precisa para merecer el puesto de diputado castrista: la soberbia.

Sea, pues, sugerido el espacio parlamentario para este ejemplar del CENESEX. Podría ser un estorbo para su consagración el Consejo Nacional Electoral, ese nuevo órgano encargado por la Constitución de dar a nuestros procesos de participación democrática “confiabilidad, transparencia, celeridad, publicidad, autenticidad e imparcialidad”, pero a estas alturas quién lee esto sin echarse a reír.