El académico José Raúl Gallego, el artista Hamlet Lavastida y el escritor Luis Dener Hernández conversan con DIARIO DE CUBA sobre el impacto de internet en la Isla.

DDC, La Habana

—El incremento de la penetración de internet en Cuba, que sigue siendo uno de los países con acceso más limitado a la red en la región, impacta sobre la realidad del país de una forma lenta y sutil, pero evidente.

Uno de los cambios más significativos está dado por la posibilidad que tienen los residentes en la Isla de acceder a diversas fuentes de información, así como de crear espacios de diálogo transnacional donde intercambiar con cubanos que han adquirido otros conocimientos en diferentes lugares del mundo.

La lucha por los derechos de los animales, contra el Decreto 349, en defensa del matrimonio igualitario, así como campañas feministas, antirracistas e iniciativas de la oposición política han encontrado un espacio en las redes que las ha potenciado decisivamente.

En ese sentido, el artista visual Hamlet Lavastida afirma a DIARIO DE CUBA que estas herramientas digitales contrastan con la “necesidad que tiene el Gobierno cubano de expulsar de su territorio fundamentos establecidos en la legalidad internacional”, como la libertad de expresión y de reunión, que “son las que hoy funcionan de manera global. Entonces, esas herramientas, pensadas para un contexto de mayores libertades, entran a la Isla y rompen esquemas muy antiguos”.

Internet, opina el artista desde Berlín, “viene a sustituir lo que el Gobierno ha intentado callar y postergar: la memoria histórica, la verdad, la sátira, la burla, el escarnio y las más diversas demandas. Esas cosas, imposibles de hacer desde el interior de la prensa cubana, de la historiografía, de la crítica cultural, institucional y política, sí pasan a las redes sociales como parte de una voz alternativa y libre”.

La respuesta de las autoridades cubanas, en muchas ocasiones, se basa en demonizar a internet. Miguel Díaz-Canel ve “campañas mediáticas, de manipulación y de odio (…) dirigidas y muy bien pagadas desde Estados Unidos” detrás de la mayor parte de los cuestionamientos a la gestión del Gobierno.

Por esa razón, la propaganda del oficial intenta excluir a los exiliados de los debates de la nación. En septiembre fue el periodista oficialista Francisco Rodríguez Cruz quien afirmó que quienes decidieron abandonar Cuba “no deberían estar pendientes las 24 horas” de lo que sucede en la Isla.

Si viviera fuera de Cuba, haría por mejorar ese otro país, y no estaría las 24 horas pendiente de ese lugar tan malo del que huí”, escribió el autor del blog “Paquito el de Cuba” en su perfil de Facebook y varios de sus colegas respaldaron sus palabras.

Dividir a los cubanos por su lugar de residencia “es una estrategia del propio Gobierno para cercenar el diálogo”

En cambio, el académico y periodista cubano José Raúl Gallego afirma a DIARIO DE CUBA que el diálogo entre cubanos de diferentes partes del mundo “no solo es importante, sino que también es lícito. Nadie se puede sentir con el derecho de prohibir a una persona hablar sobre una realidad que le atañe por el hecho de no encontrarse en ese lugar”.

“¿Si mantenemos relaciones y mantenemos diálogos sobre cuestiones familiares y sentimentales, por qué no podemos mantenerlo sobre cuestiones políticas y económicas?”, pregunta Gallego.

“Aunque uno este fuera de Cuba, la realidad de la Isla le sigue afectando. Además, un porciento de la sociedad cubana que está en el exterior contribuye económicamente con el país. La persona que está fuera tiene tanto derecho a hablar y opinar sobre su país como la persona que está dentro. Plantear esa división es una estrategia del propio Gobierno para tratar de cercenar el diálogo”, agrega el académico cubano residente en México.

Las autoridades cubanas, mientras niegan el derecho a opinar a los que viven fuera, “a los de adentro les dicen que no es el lugar oportuno, que no es el momento oportuno. O sea, el Gobierno siempre en su discurso ha tratado de buscar la forma de cercenar toda la parte del diálogo que le resulta inconveniente”, recuerda Gallego.

“Internet ha posibilitado una forma de comunicación instantánea que facilita la participación en debates que antes, tal vez hace 20 años atrás, no eran posibles. Lo más que podías hacer era cartearte con tu familia, pero ahora internet y las redes sociales han permitido que ese debate sea al momento”, agrega.

Luis Dener, un escritor y pedagogo cubano residente en Noruega, tras varios años de lo que él mismo describe como un “inxilio”, se sintió motivado por los debates en redes a crearse una cuenta en Facebook, donde publica videos con sus opiniones sobre diferentes temas de la realidad cubana y en unos pocos meses ha superado los 14.000 seguidores.

“Para mí las redes sociales y esta posibilidad de que pusieran internet un poco más abierto en Cuba ha sido clave, pues ha cambiado el panorama, la escena, la forma de comunicarse. En primera porque hay un flujo constante de intercambio entre los cubanos de fuera y los de dentro”, afirma a DIARIO DE CUBA.

“Los de fuera estamos viendo lo que pasa dentro de Cuba en tiempo real, como nunca antes, pero los de adentro también nos ven a nosotros, hasta en nuestras vidas personales, porque la gente sube desde la comida que se come hasta el viaje que hizo. Entonces estamos contrastando dos realidades”, agrega.

Para Luis Dener, quien realizó activismo en defensa de los derechos humanos en la Isla durante varios años, las redes han permitido constatar “que el malestar es colectivo, y que hay muchos puntos en común sobre la base de que el sistema cubano no funciona”.

Su generación, según cuenta, fue avasallada por la Seguridad del Estado, por lo que muchos abandonaron la Isla, y fue después de emigrar a Noruega que reencontró a gran parte de sus amigos particionado activamente en debates e iniciativas relacionadas con Cuba.

“Cuando nos volvimos a ver en las redes recordamos que teníamos cosas que decir, vivencias, que estábamos jóvenes. Entre todos nos volvimos a dar fuerzas”, relata. “El panorama político, artístico, en general, en Cuba es mucho más amplio ahora. Hay cuestionamientos políticos dese el animalismo, la ecología. Y los cuestionamientos al sistema desde tantos campos no hacen más que reflejar las grandes contradicciones que tiene ese sistema con todo lo que significa libertad, emprendimiento, desarrollo personal, libertad de expresión”, añade.

“El punto en común es cambiar al país, pero dentro de ese cambio tienen que estar todas las posturas”

Pero la participación de los cubanos en internet, aunque mucho mayor que años atrás, dista de ser totalmente libre. José Raúl Gallego recuerda que el régimen utiliza numerosas herramientas para infundir miedo y limitar la opinión ciudadana, que van desde la aplicación del Decreto-Ley 370 hasta las expulsiones y sanciones de centros de trabajo y estudio por el contenido de las publicaciones en redes.

“Pero ese miedo se ha ido perdiendo, y a medida que han surgido en la sociedad más espacios de autonomía, las personas van entrando a esos debates de manera más abierta”, señala.

Sobre el creciente intercambio entre cubanos a través de internet, Hamlet Lavastida considera que “es fundamental y está descentralizando el debate sobre muchas prácticas ya sean culturales, económicas, políticas, identitarias, de género”; pues su generación, “que vivió sin internet en Cuba y fuera lo descubrió, encontró una nueva forma de acceder a las fuentes, de compartir, de crear nuevas lecturas, y eso es lo que ocurre hoy en Cuba, que no hay capacidad de contrastar a las fuentes, entonces tienen a las personas en esa postergación. No hay un discurso democratizador, en ese sentido es fundamental la red, es el futuro”.

“El punto en común es cambiar al país que queremos, pero dentro de ese cambio tienen que estar todas las posturas”, dice Luis Dener. “Eso lleva un proceso colectivo que ya está sucediendo, porque las redes sociales están llevando a la par muchísimos debates y planteamientos. ¿Cuándo se va a resolver? No se sabe, pero ya vamos en camino. Internet es el gran punto de reunión donde se está proyectando el futuro de Cuba. Ahora lo que hay que aprender es a llevarlo de ahí a la realidad”.

“Cuba es una nación trasnacional hace mucho tiempo”, apunta Gallego. “No se limita solamente a la extensión geográfica del archipiélago, sino que está desperdigada por todo el mundo y la gente se va, viene, regresa. Mantiene su vínculo, mantiene las comunicaciones. La experiencia de vida que tienen personas en otros países y en otros sistemas también es beneficiosa para pensar la realidad de Cuba y cómo se podría mejorar”, concluye.

Lavastida considera que en la actualidad “no se puede limitar la alfabetización solo a saber leer y escribir, también hay que saber manejarse en internet, conocer inglés, tener conocimientos políticos, capacidad de debate, de análisis y de opinión sobre cualquier gesto social que ocurra, y para ello internet y las redes sociales son muy importantes porque te brindan diferentes aristas para analizar las cosas”.

“Una estructura institucional y vertical que no promueve eso se está doblemente enterrando”, considera.  Como consecuencia, “la sociedad se les va escapando, y por eso el Gobierno cubano está siendo abandonado por la juventud y por el futuro”.