Vista aérea de Samjiyon . / KCNA.-

 

Erigida con trabajo forzado, el régimen la califica como ‘epítome de la civilización moderna’.

DDC, Pyongyang 

—El Gobierno de Corea del Norte inauguró esta semana uno de los proyectos estrella de su líder, Kim Jong-un: una ciudad presuntamente “creada de la nada”, junto al monte sagrado Baekdu, donde la familia del dictador afirma que se encuentran sus raíces.

Los medios oficiales bautizaron a Samjiyon, la nueva ciudad, como “el epítome de la civilización moderna”, y el régimen organizó una fiesta con fuegos artificiales, según reportó la agencia de noticias oficial KCNA.

El Rodong Sinmun, diario oficial del Partido del Trabajo de Corea, publicó fotos de Kim sonriendo mientras cortaba una cinta en la ceremonia de inauguración, a la que han asistido miles de personas.

La ciudad fue diseñada según lo que Pyongyang llama “utopía socialista”, con apartamentos, hoteles, una estación de esquí y centros comerciales, culturales y sanitarios, y aparentemente unas 4.000 familias se trasladarán allí. Por el momento, aparenta estar vacía, reportó la BBC.

El Gobierno invirtió unas sumas colosales en el proyecto, todavía inacabado, de la reconstrucción de esta ciudad, que antaño fue capital de un condado fronterizo con China. Además de un museo sobre la revolución y de un estadio para deportes de invierno, el proyecto incluye una nueva línea de ferrocarril hasta Hyesan, 10.000 viviendas y una fábrica de tratamiento de arándanos y patatas, los dos recursos más importantes de la zona.

La ciudad es una de las mayores iniciativas económicas lanzadas por Kim como parte de su objetivo de lograr que Norcorea tenga una economía “autosuficiente”, mientras Pyongyang intenta convencer a Estados Unidos de que retire las sanciones que le ha impuesto por su programa nuclear. Pero su construcción ha sufrido numerosos retrasos por la falta de materiales y mano de obra.

La falta de trabajadores llevó a Pyongyang a movilizar a brigadas de jóvenes, que los defensores de los derechos humanos tildaron de “esclavitud”, ya que no cobraban un salario y trabajaban 12 horas diarias durante diez días seguidos, a cambio de tener más posibilidades de entrar en la universidad o de ser aceptados en el Partido de los Trabajadores.

Durante la construcción de la ciudad, los medios oficiales informaron de que fábricas y familias enviaron chaquetas de invierno, herramientas, zapatos, mantas y galletas a Samjiyon, que según los críticos con el régimen era en realidad una iniciativa de Kim para apropiarse de bienes privados.

Colin Zwirko, periodista de la agencia NK News, medio especializado en Corea del Norte ubicado en la vecina Seúl, contó a BBC Mundo que la ciudad es “bastante pequeña y caminable”, de apenas dos o tres kilómetros.

El gran plan para reanimar la región continuará hasta octubre de 2020, informó el Gobierno. La inauguración del pueblo es parte de un esquema más grande, pues se trata de la segunda parte de un proyecto de tres momentos que tiene como objetivo impulsar el desarrollo de la región.

La inauguración coincide con un momento de estancamiento en las negociaciones con Washington, tras el fiasco de la cumbre de Hanoi entre Kim y el presidente estadounidense, Donald Trump, en febrero.

Lo que piensan los arquitectos

Samjiyon es “un lugar inhóspito, sin alma, y con una arquitectura que carece del mínimo interés”, dijo al diario español El País Martha Thorné, directora ejecutiva del Premio Pritzker y decana en la escuela de arquitectura de IE University.

Se trata de una urbe encajada entre seis avenidas dispuestas en forma de cuadrícula. En las calles exteriores, un conjunto de casas bajas con tejados de colores pretende dar la nota amable a este lugar que, para Thorné “no es más que una simple estación de esquí”.

En el siguiente anillo, edificios de apartamentos, también con los tejados rojos, azules y verdes, dan paso al centro, compuesto por un grupo de ideas inconexas, como si se hubieran aprobado todos los proyectos presentados a un concurso convocado sin acotación alguna. De hecho, no se dio a conocer el nombre de su arquitecto. Tampoco cuando costó la obra.

“No refleja las nuevas formas de vivir. Pone poco énfasis en la calidad urbana y en el uso del suelo público. Y no proyecta espacios donde las personas puedan desarrollar una vida plena. Solo grandes avenidas para hacer los desfiles. Una ciudad del siglo XXI debería dar espacio a las actividades híbridas y tener un equilibrio entre la zona de trabajo, la de educación y la de ocio”, advirtió Thorné.

“Quizá esta pequeña ciudad, comparada con otras, es más amable en cuanto a la infraestructura, al tamaño de los pisos y las cosas son nuevas”, comentó Thorné. Si fuera así, cuesta imaginar cómo son el resto de las localidades. En cualquier caso, “si hay que elegir una palabra para describir la arquitectura de este sueño socialista es ‘banal’. Todos los aspectos importantes en una ciudad, como la sostenibilidad, la localización, el aprovechamiento de los recursos, la armonía con el clima y la geografía no están reflejados. Se trata de un ejercicio de poder, control e imposición en un territorio”, explicó la arquitecta.

“La idea de crear una ciudad de la nada es algo muy tentador para arquitectos, urbanistas y dictadores. Ninguno de ellos es impermeable a sucumbir al deseo de crear un conjunto urbano y dejar su impronta”, dijo el arquitecto Armando Valenzuela, director del estudio ORV Arquitectos.

Para Valenzuela el conjunto más “ramplón y descontextualizado” de la ciudad es el centro oficial y de gobierno, “formado por dos edificios simétricos que flanquean el acceso al monumento de Kim Jong-il, principal ejemplo de lo que es estar fuera de escala”. Y es “inmensamente pueril”.

“No hay dictador del siglo XX, con la notable excepción de Mussolini, que no se inspire en el clasicismo para construir los edificios de gobierno. Pensemos, por ejemplo, en las construcciones de Albert Speer para el Berlín hitleriano, que tenían coherencia y una presencia urbana que las convertía en notables. El edificio de Samjiyon es, sin embargo, bajito y anodino”, agregó Valenzuela.

El centro oficial es “la impronta de un régimen totalitario” que se erige “de manera pornográfica diferenciándose del resto de la arquitectura en forma, color y estilo”. Las pilastras y las dos filas de ventanas verticales rematadas por una voluminosa cornisa son, en conjunto, un “pastiche de elementos”. Su escasa altura de dos plantas solo se justifica como “sumisión arquitectónica al megamonumento de King Jong-il para su enaltecimiento intencionado”. Se trata de “la peor arquitectura al servicio del poder”.