La elección de Trump o Biden tendrá profundas repercusiones para el pueblo americano y para el mundo, considera Calzón. (EFE).-

 

Una victoria del demócrata significaría el regreso a la política de extender la mano amiga a Cuba, Irán, Rusia y otros regímenes hostiles.

 

—Debido a los impulsos irracionales que provoca Donald Trump en sus adversarios, hay peligro de que se tire por la borda todo un expediente de política exterior sensato, moderado y pragmático, sencillamente porque fue él quien lo inició. Sin embargo, tal rechazo automático tendría por consecuencia el retorno a políticas anteriores cuyo fracaso ya está comprobado. Una de esas políticas que fortalecieron a Gobiernos hostiles fue resultado de las negociaciones secretas con La Habana que resultó en el flujo de millones de dólares para el Gobierno cubano, como veremos más adelante.

Se alega que el presidente Trump ha sido un fracaso en política exterior, que ha destruido las relaciones con Europa que, hasta su llegada a la presidencia, se basaban, según la opinión de más de uno, en el diálogo respetuoso entre los aliados de la OTAN.

Como pasa con algunas opiniones aceptadas sin un análisis serio, hay aquí un poco de ficción. Siempre ha habido tensiones en la OTAN, tensiones que no le impidieron salvar a Europa de caer bajo el dominio de la Unión Soviética; y vale la pena señalar las serias dificultades que plagaron la diplomacia de la Administración anterior, muchas de ellas provocadas por el presidente Obama, a pesar del premio Nobel de la Paz que le otorgaron apenas estrenado su mandato.

Donald Trump no presume de experto en política exterior, pero puso el dedo en una llaga fundamental que suelen evitar los profesionales: ¿Qué es lo que favorece la seguridad de Estados Unidos?

Donald Trump no presume de experto en política exterior, pero puso el dedo en una llaga fundamental que suelen evitar los profesionales: ¿Qué es lo que favorece la seguridad de Estados Unidos? En el caso de la Alianza Atlántica, la pregunta quiere decir: ¿Trabajan Estados Unidos y sus aliados para que sus hijos y el mundo hereden sociedades libres, con una aceptación cada vez mayor de los derechos humanos y del gobierno representativo? ¿O en su defecto, hace más fácil la alianza occidental a sus adversarios el mantenimiento de sus tiranías y la extensión de su influencia a base de amenazas, intimidación y agresiones militares? Una y otra vez, la Administración de Obama-Biden creó vacíos que los enemigos de la libertad se apresuraron a ocupar.

Muchos de los expertos detractores de Trump deberían saber que la política de concesiones unilaterales, el “liderar desde la retaguardia”, ya se ensayó con resultados lamentables por la Administración de Carter a fines de los 70 y otra vez durante la de Obama-Biden, siendo Hillary Clinton secretaria de Estado. ¿Debemos suponer que una Administración de Biden-Harris significa el regreso a los postulados de ese tipo de políticas de extender la mano amiga a Irán, a Cuba, a Rusia y a otros regímenes hostiles, mientras se debilitan las alianzas tradicionales y se denuncia a Gobiernos amigos por comportamientos que pasan por alto cuando los culpables son los enemigos de Estados Unidos?

Al llegar a la Casa Blanca, la Administración de Trump se enfrentó a lo que el presidente llama “guerras interminables” en que participaban miles de soldados y personal militar americanos. Rusia había ocupado Crimea y utilizaba terceros para combatir en Ucrania. El equipo de Obama-Biden no quiso escoger entre una serie de opciones políticas, económicas, diplomáticas, y otras de índole no militar que podían haber usado en respuesta a la agresión de Putin. La Administración de Trump proporcionó a Ucrania las armas que Obama le había negado para defender su país, con resultados inmediatos sobre el terreno, lo cual no pasó inadvertido en Europa central y oriental.

La acción de China intimidó a nuestros aliados de Asia oriental y más allá, e hizo que concluyeran muy a su pesar que para Washington el comercio con China tenía precedencia sobre consideraciones estratégicas. Con aprensión, contemplaron la indiferencia de la Administración de Obama-Biden frente a la agresividad china a través del mundo, notablemente en África. Los aliados se escandalizaron ante la falta de iniciativa de Washington con la guerra yihadista de Libia, que costó la vida a diplomáticos y personal de seguridad americanos, un fracaso que se redobló con mentiras en torno al error cometido. Su torpe indecisión en Mesopotamia trajo de vuelta a los rusos y a los turcos a Oriente medio y propició la crisis migratoria en Europa. Sin duda, esto no aumentó el prestigio estadounidense en Europa, ni tampoco fortaleció la determinación europea para defenderse contra una amenaza existencial.

Donald Trump se dio cuenta de algo que fácilmente habría advertido un niño frente a un emperador sin ropas: los intereses y el prestigio de Estados Unidos habían sufrido graves reveses bajo las Administraciones anteriores

Donald Trump se dio cuenta de algo que fácilmente habría advertido un niño frente a un emperador sin ropas: los intereses y el prestigio de Estados Unidos habían sufrido graves reveses bajo las Administraciones anteriores. Daba igual si lo que había determinado las prioridades del país era un aventurismo pertinaz o un apaciguamiento cobarde, las consecuencias eran muy similares: pérdida de vidas americanas y derroche del caudal público, pánico en un mundo que se transformaba a toda velocidad.

La exigencia del presidente Trump de que los europeos aumentaran su contribución a la OTAN causó al principio fricción con la canciller de Alemania, Angela Merkel, y otros aliados. Una vez desahogada la protesta, la prensa americana hostil dijo muy poco cuando, en efecto, los principales aliados europeos, Alemania y Francia, aumentaron sus gastos de defensa.

Compárese esto con la casi-catástrofe ocurrida cuando la Administración de Obama-Biden renegó de los acuerdos de defensa con aliados de Europa central, sobre todo los checos y los polacos. O compárese con el sólido apoyo que ha dado la Administración de Trump a la democracia liberal en las Américas.

Dice el expresidente Biden que va a restaurar la política para Cuba del señor Obama. Supuestamente, esto incluye desmantelar la coalición de más de 50 Gobiernos que han reconocido el Gobierno de Guaidó en Venezuela y las políticas para restringirle capacidad de acción al régimen de Nicolás Maduro, apoyado por un gran despliegue militar cubano. El regreso a la política de Obama representa un influjo de millones de dólares del turismo a las arcas del régimen represivo en La Habana, en un momento de crecientes disturbios populares y enfrentamientos con la policía; además de un creciente consenso internacional contra el Gobierno de Díaz Canel.

La Administración de Obama accedió a las demandas de Raúl Castro: puso fin a la política migratoria de pies secos/pies mojados; devolvió a Cuba un espía condenado a cadena perpetua por su papel en el asesinato de ciudadanos americanos; y sacó a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo, mientras aún vivían allí terroristas buscados por el FBI.

Trump fortaleció las restricciones destinadas a limitar los recursos del régimen para la represión interna y para mantener su presencia militar en Venezuela. Y a pesar de la desinformación de La Habana, Trump sigue vendiendo alimentos y medicinas a la Isla, incluyendo casi todo el pollo disponible para consumo, que se envía congelado desde Nueva Orleans. Las ventas son cash and carry – es decir, al contado, con el flete por cuenta de Cuba –, de modo que no hay compañías americanas en la larga fila de acreedores estafados por La Habana.

Se puede argumentar que el lugar donde más se nota la diferencia entre la retirada americana al estilo de Carter-Obama y el realismo al estilo de Trump se encuentra – de todos los lugares del mundo – en Oriente medio

Es probable que las diferencias entre las políticas de Trump y las propuestas de Biden impacten el voto de Florida. De por sí, el personal refleja la política, y en el caso de Cuba tanto como en cualquier otro. Trump está asesorado por dos republicanos de Florida: el senador Marco Rubio y el representante Mario Díaz-Balart. Biden cuenta con tres admiradores de La Habana: el senador independiente por Vermont, Bernie Sanders; y dos representantes demócratas, Alexandria Ocasio-Cortez por Nueva York, y Maxine Waters por California. Obama, atendiendo a exigencias del régimen, redujo las transmisiones noticiosas de Radio Martí y terminó el programa de ayuda para médicos cubanos que habiendo decidido no regresar a la isla estaban atascados en varios países.

Las relaciones con India se han estrechado bajo Trump, probablemente debido a las amenazas de China, así como a la relación personal entre el presidente y el primer ministro Narendra Modi. Además de recibirlo en la Casa Blanca, el presidente organizó una concentración a la que asistieron 50.000 indioamericanos para dar la bienvenida al primer ministro. En reciprocidad, este invitó a Trump a Delhi, donde 100.000 indios le dieron la bienvenida. Además de India, hay otros países de la región, incluyendo Taiwán y Japón, a quienes Trump ha dado garantías de que Estados Unidos les cuida las espaldas.

Se puede argumentar que el lugar donde más se nota la diferencia entre la retirada americana al estilo de Carter-Obama y el realismo al estilo de Trump se encuentra, de todos los lugares del mundo, en Oriente medio. Aunque sin duda sigue habiendo problemas enormes en esa región, el Santo Grial de la política exterior estadounidense en Oriente medio está asombrosamente a la vista: la paz entre Israel y sus vecinos árabes. ¿Por qué? Porque a diferencia de Obama y Carter, Trump no “culpó primero a Israel” (igual que no “culpó primero a Estados Unidos”, como han venido haciendo otros desde hace mucho tiempo); sino que, por el contrario, lanzó al aire el mensaje de que a nadie le conviene meterse con los amigos de Estados Unidos.

La elección de Trump o Biden tendrá profundas repercusiones para el pueblo americano y para el mundo. Hace tiempo que pasaron los días de una política exterior por consenso bipartidista. Como indica claramente esta historia, hay dos formas muy distintas de lidiar con el mundo.