Nueva batalla campal entre la Policía y los manifestantes, que no solo piden la retirada de la ley de extradición, sino democracia.

 

 

Pablo M. DíezPor Pablo Díez / Enviado especial a Hong Kong.-

—Las protestas de Hong Kong, que ya son una revuelta que dura ocho semanas, se han enquistado como el mayor desafío para el autoritario régimen de Pekín, incapaz de atajarlas pese a su advertencia de que puede desplegar el Ejército. Por segundo fin de semana consecutivo, ayer se libró una nueva batalla campal entre la Policía y los manifestantes de Hong Kong contra la ya suspendida ley de extradición a China, que sigue revolucionando a la ciudad porque todavía no ha sido retirada, como piden.

Según informa el periódico «South China Morning Post», en los enfrentamientos resultaron heridas 17 personas, dos de consideración, y la Policía practicó once detenciones. Al igual que el domingo pasado en el centro de la isla, los agentes antidisturbios dispararon gases lacrimógenos y espray de pimienta para dispersar a los miles de manifestantes que habían montado barricadas al término de una marcha prohibida en el distrito de Yuen Long, próximo a la frontera con China y desde donde se ven los rascacielos de la vecina ciudad de Shenzhen. El domingo pasado, en su estación de tren fueron atacados brutalmente los manifestantes que volvían de las protestas en el centro de la isla. Armados con cañas de bambú, entre 200 y 300 hombres vestidos de blanco, supuestos matones de las triadas y partidarios del autoritario régimen de Pekín, dejaron 45 heridos. El salvaje asalto y la pasividad de la Policía, que apareció 35 minutos después y no detuvo a nadie esa noche, han encendido aún más a la mayoría de la sociedad hongkonesa. En medio de fuertes críticas, desde entonces han sido arrestados media docena de sospechosos, algunos mafiosos de las triadas.

Desafiando la prohibición de la Policía, que no la había permitido por motivos de seguridad, decenas de miles de manifestantes marcharon ayer por las calles de Yuen Long, donde vive una abundante población autóctona que, llamados los «nativos», se muestran leales a China y estarían tras el ataque de hace una semana. «Esto es inaceptable. En lugar de protegernos, la Policía no solo se ha unido a los matones, sino que no quiere que nos manifestemos», denunciaba una mujer de unos 40 años, apellidada Chin.

Protegiéndose del sol con paraguas, los manifestantes inundaron las calles bajo un calor asfixiante. Ante la ausencia de la Policía, los empleados de la compañía de autobuses se vieron obligados a desviar el tráfico. Al paso de la manifestación por las zonas de los «nativos», donde estos se parapetaban con cascos y barras, la tensión fue en aumento por los insultos y amenazas que se cruzaban. Al mismo tiempo, cientos de personas rodeaban la comisaría del barrio, lo que hacía temer un nuevo cerco del edificio policial como los de semanas anteriores.

Cortando por lo sano, y sin esperar al anochecer como el pasado domingo, los antidisturbios se desplegaron por las calles. Aprovechando que la marcha prohibida ya había terminado y la mayoría de sus asistentes se habían marchado, los agentes empezaron a disparar gases lacrimógenos para dispersar a los miles de jóvenes que quedaban en Yuen Long.

«Venimos a luchar»

Durante más de seis horas, la Policía se batió con ellos haciéndolos retroceder con sus cargas mientras los manifestantes trataban de frenarlos montando barricadas. Además, les lanzaban piedras, botellas y un líquido negro al parecer irritante en vasos de plástico. Pertrechados con su ya habitual uniforme de batalla, compuesto por camiseta negra, casco, máscara, gafas, escudo y paraguas, los manifestantes jugaban al ratón y al gato con la Policía porque, desde el primer momento, tenían claro que no se iban a quedar de noche en Yuen Long, donde podían volver a ser atacados por los mafiosos y simpatizantes de China. Entre ellos había unos pocos, solo tres o cuatro, que captaron la atención de los fotógrafos ondeando sus banderas de EE.UU. y de la época colonial británica.

«Venimos a luchar no solo por la ley de extradición o contra la brutalidad policial, sino por el futuro de las libertades en Hong Kong, que están amenazadas por el régimen del Partido Comunista chino», razonaba Kathy, una estudiante de 17 años, que pertenece a la nueva generación de jóvenes muy activos políticamente que ha surgido en esta ciudad hasta ahora pragmática y más centrada en el dinero. «No estamos en contra de China ni pedimos la independencia, sino que se cumpla el modelo de ˝un país, dos sistemas˝ para que Hong Kong siga teniendo su autonomía», añadía Michael, otro adolescente. Aunque los medios oficiales han censurado la noticia de las protestas, en los últimos días están publicando algunas informaciones donde acusan a los manifestantes de antipatriotas y separatistas para unir a la sociedad china en torno al régimen.

En medio de los manifestantes y la Policía, diputados como el demócrata Andrew Wong intentaban mediar para acabar con los enfrentamientos. «Los agentes han diseñado su estrategia muy mal, pero es difícil negociar con los jóvenes porque hay algunos radicales», explicaba a ABC megáfono en mano tras intentar buscar una solución con el comandante de los antidisturbios.

Entre idas y venidas, la Policía arrinconó a los manifestantes en la estación de tren al anochecer. Allí, y cuando parecía que todo había acabado ya y los jóvenes se disponían a marcharse, la Policía volvió a disparar gases lacrimógenos y luego entró de repente al asalto, desatando el pánico y nuevos choques violentos.

Algunos manifestantes resultaron heridos por los porrazos de los agentes, dejando un pequeño reguero de sangre en el suelo, y otros fueron detenidos, alargando la tensión. Los manifestantes les respondieron lanzándoles el humo de los extintores hasta que finalmente se retiraron en el tren en dirección al centro de Hong Kong. Antes, muchos de ellos se cambiaban en los baños sus camisetas negras por otras ropas para no ser reconocidos. Y, para que no constara que habían estado allí, recomendaban no usar su tarjeta Octopus de pre-pago para el transporte público, ya que las máquinas expendedoras estaban fuera de servicio y no podían comprar un billete sencillo y anónimo. Pero la Policía los estaba esperando en otras estaciones para identificarlos.

Tras batirse un día más con los antidisturbios, los jóvenes se marchaban de Yuen Long, pero prometen volver hoy domingo porque hay convocada otra manifestación en el centro de Hong Kong. «Las protestas empezaron hace casi dos meses exigiendo la retirada de la ley de extradición y luego derivaron hacia la petición de una comisión de investigación de la fuerza policial, pero ahora reclaman un cambio del sistema político porque el ataque de los matones pro-China ha demostrado que el Gobierno no puede gobernar», analiza para ABC Wong Yam-hong, columnista político del periódico «Ming Pao» y antiguo presentador de la radio pública RTHK. A su juicio, «lo que la gente reclama ahora, para 2020 o para ya, es democracia y pleno sufragio universal porque ha perdido su confianza en el Gobierno».

Publicación y foto originalmente por ABC de España.-