Mediante la Ley Azote 370 alrededor de una quincena de periodistas, reporteros y comunicadores han sido multados por los esbirros del régimen con 3000 pesos.-

LA HABANA, Cuba.- “No pueden mencionar en Cuba un solo nombre de periodista, muerto, preso o torturado”, publicó hoy el periódico Granma en un artículo titulado Cuba: nuestro periodismo es honesto, libre y soberano como la tierra que defendemos.

“Muerto, preso o torturado”, amargas palabras, pero en boca de este articulista suenan vacías, muertas, presas, torturadas… porque el cinismo no forma parte de un periodismo serio, humano, honesto.

Convenientemente, este ser que funge como periodista, ignora a todos aquellos profesionales de la prensa que han matado o intentado matar en vida con el constante acoso, amenazas y torturas psicológicas. ¿O acaso olvida este vocero a Roberto Jesús Quiñones?, un abogado, escritor y periodista condenado a un año de privación de libertad por ejercer la prensa libre, no sin antes recibir una cuota de golpizas. Quiñones aún está en prisión, en Guantánamo.

Mediante la publicación del órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (PCC) se manifiesta la supuesta indignación del régimen por el reciente informe de Reporteros Sin Fronteras (RSF), divulgado este martes, en el que se ubica a Cuba como el país con menos libertad de prensa en América Latina.

Como siempre, ante la carencia de argumentos, la prensa oficialista recurre a la manipulación mediática, a ver la paja en el ojo ajeno, en lugar de centrarse en la situación nacional. Solo un ejemplo, menciona el caso de los periodistas asesinados en varios países, entre ellos Colombia, pero obvia que no es el gobierno quien los asesina. En el caso de Cuba, sí es una política de Estado el perseguir, amedrentar y coaccionar a los periodistas independientes, que son los que difunden lo que el régimen intenta ocultar a la opinión pública nacional e internacional y, precisamente en eso, se basa la lista de RSF.

“O te vas del país o me voy a convertir en tu peor pesadilla”, me dijo uno de los esbirros de la Seguridad del Estado (SE) durante un interrogatorio en el que me intimidó con consecuencias para mi familia si no dejaba de escribir, de denunciar públicamente al régimen. “Te vamos a condenar a prisión porque el periodismo independiente no está reconocido por las leyes cubanas, estás usurpando funciones públicas, pero lo que te vamos a aplicar es un delito común porque en Cuba no hay prisioneros políticos”, fue otra de las amenazas del represor Alejandro. Y, de hecho, ya comenzó a armar mi “historial delictivo”; dos acusaciones, sin pruebas ni testigos, ya pesan en mi expediente “criminal”: evasión de presos y detenidos y violación de domicilio.

Un periodista con un mínimo de vergüenza no ignoraría estos sucesos, no se prestaría a calumniar a sus colegas sin evidencias; un periodista con un mínimo de ética profesional hablaría de los cientos de periodistas independientes que, en los últimos meses, hemos sido hostigados por la SE. Ahí están Mónica Baró, Yoe Suárez, Iliana Hernández, Boris González Arenas, Rolando Rodríguez Lobaina, Waldo Fernández Cuenca, Enrique Díaz, Vladimir Turró y quien escribe estas palabras, quienes hemos sido víctimas de la SE y hemos dado testimonios fehacientes y fácilmente comprobables.

“Y todo esto que te estamos aplicando —me espetó uno de estos sicarios— no es porque haces bien, sino muy bien tu trabajo”, algo que, evidentemente, extienden al resto de la prensa independiente pues, el nivel de represión, es proporcional a la calidad y alcance de su labor.

Iliana Hernández, reportera de CiberCuba, le allanaron su vivienda a inicios de año y le robaron sus equipos de trabajo. A Waldo Fernández Cuenca, de Diario de Cuba, le ofrecieron incluso trabajar en algún medio oficialista a cambio de abandonar el periodismo independiente. La casa de Enrique Díaz fue allanada por la SE este viernes 24 de abril, resultando detenido y acusado, también sin pruebas, de actividad ilícita. Poco después, el mismo día, el también periodista de CubaNet, Vladimir Turró, fue arrestado cuando intentaba entrevistar a la esposa de Díaz para denunciar lo sucedido.

A la madre de Yoe Suárez, colega de Diario de Cuba, también la interrogaron e intimidaron, y a Suárez le mostraron “lo que ellos le llaman los instrumentos legales para detener la subversión”; estos instrumentos fueron el Decreto-Ley 370 y el Código Penal, específicamente la sección referente al delito de propaganda enemiga, por el cual puede ser condenado a prisión.

Mediante la Ley Azote, como más se conoce el Decreto-Ley 370, alrededor de una quincena de periodistas, reporteros, comunicadores y personas que ejercen el periodismo ciudadano han sido multados con 3000 pesos (120 dólares) y a algunos incluso les han confiscado los teléfonos celulares. El motivo: sus publicaciones en redes sociales críticas con el sistema totalitario.

Paradójicamente, con este Decreto-Ley 370, el régimen viola su propia Constitución, específicamente el artículo 54, referente a la libertad de expresión. Asimismo, transgrede la Declaración Universal de Derechos Humanos y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Tampoco menciona el portavoz del PCC los más de doscientos regulados, o sea, ciudadanos cubanos impedidos de salir del país, entre los que se hallan varios periodistas independientes. ¿Acaso olvida a cuántos colegas han obligado a abandonar el país? Pues eso fue lo que les enseñó su Dictador en Jefe: son escorias, gusanos, contrarrevolucionarios, que se vayan, no los queremos, no los necesitamos.

Obvia igualmente los setenta y cinco periodistas independientes y activistas de derechos humanos que fueron condenados a prisión en 2003, en lo que se conoce como la Primavera Negra de Cuba.

Tampoco menciona el ejército de ciberclarias (cibercombatientes) con que cuenta la “Revolución”, con el único objetivo de atacar y desacreditar a los que, dentro de la Isla, tienen un mínimo de prestigio y visibilidad en su confrontación al oficialismo. Esa es su forma de callarlos. ¿O acaso olvidamos la campaña que armaron los medios oficialistas contra José Daniel Ferrer? Lo culpaban antes del juicio porque lo importante no era su culpabilidad o no, sino desprestigiarlo a él y a la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), llevarlo a prisión, sacarlo de las calles por su activismo y liderazgo.

Menciona también el artículo de Granma las becas y viajes, pero olvida aclarar que son muchos los países que ofrecen estas becas, no solo Estados Unidos, y las ofertan a todos los países, para aquellas personas que no tienen posibilidades de superación, es decir, no es una estrategia creada en los laboratorios del mal contra Cuba.

Muchos jóvenes cubanos —y esto lo afirmo sin temor a equivocarme— ven en estas becas en el exterior la salida, la escapatoria de esta gran prisión, la única posibilidad de superación profesional. Así, existen becas en España, Inglaterra, Alemania, México y Chile, por solo mencionar algunos países, y sobre las más variadas temáticas: Periodismo, Historia, Matemáticas, Economía, Ingenierías, Medicina, Informática, Derecho, Agronomía, etc.

Pero, en lugar de esclarecer esto, recurre el emisario a atacar el modelo capitalista y a la prensa libre. El trasfondo no es otro que el miedo, saben que no en vano es la prensa, la información, el Cuarto Poder, es el mayor enemigo de las dictaduras. Por eso los ataques, el hostigamiento, las multas excesivas, los arrestos arbitrarios, porque el objetivo es silenciarnos, aplastar al último y más frontal bastión contra el sistema totalitario cubano.

Por ese mismo motivo aparece hoy el artículo de Granma, uno de muchos en los últimos días, justo en el marco de una campaña nacional contra la Ley Azote, en la que cientos de artistas, periodistas, activistas y cubanos de a pie, de dentro y fuera de Cuba, se han unido para enfrentar las leyes dictadoras.

“Los perros ladran, ladran con fuerza, pero sus estridentes ladridos solo son señal de que cabalgamos”, describe una frase literaria, atribuida a varios escritores, pero que forma parte ya de la tradición oral.

Cuando era una simple estudiante de periodismo en la Universidad de La Habana trabajé en el periódico Granma y en varios medios de prensa nacionales, incluidos los del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT). La experiencia me sirvió fundamentalmente para frustrarme y sentirme avergonzada de mi profesión. De ello solo me salvó el ejercer la prensa independiente, solo entonces pude recuperar el orgullo como periodista, como cubana.

El periodismo independiente es una profesión como cualquier otra y tenemos derecho a vivir de nuestro trabajo, a ejercerlo. No obstante, por el simple placer de decir lo que pienso, y de decirlo libremente, yo, Camila Acosta Rodríguez, lo haría de gratis. Nada se compara con esa libertad que tanto alimenta mi alma y libera a la cimarrona azotada que soy en mi propio país.