Calle habanera ante el Gran Hotel Manzana Kempinski. / O. ALMAGUER DDC.-

 

Dan la espalda a la miseria que los rodea y representan un muro económico impenetrable para el resto de la sociedad.

 

DDC, La Habana.-

—Los cubanos que viven en los alrededores del famoso Paseo del Prado habanero habitan edificios ruinosos y superpoblados, mientras observan cómo van surgiendo en su vecindario lujosos hoteles propiedad de los militares.

El periodista de DIARIO DE CUBA Osmel Almaguer y la plataforma Geoidea han creado un Mapa-reportaje para mostrar la ubicación de esas instalaciones y las condiciones de su entorno.

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El Paseo del Prado es uno de los límites del municipio Centro Habana, uno de los más poblados de Cuba. También uno de los que acumula mayor cantidad de edificaciones en pésimo estado.

Mediante las empresas bajo su control, como Gaviota S.A. y Almest S.A., además de otras como Habaguanex S.A. y Gran Caribe S.A. (formalmente subordinadas al Ministerio de Turismo), y asociados a empresas extranjeras como Iberostar, Kempinski y Accor, los militares cubanos han apostado por la restauración de edificios históricos y por la construcción de alguno nuevo, para convertirlos en hoteles de precios inalcanzables para los cubanos.

El poderoso Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA S.A) ya ha inaugurado una decena y tiene al menos otros tres en vías de terminación.

Esos grandes hoteles de lujo funcionan con un sistema que suprime la interacción con las comunidades vecinas. No solo dan la espalda a la miseria que los rodea, sino que representan un muro económico impenetrable para el resto de la sociedad.

Para el economista cubano Oscar Zanetti, existe el “riesgo de que el turismo, desde el punto de vista económico y social” se convierta en que lo fue el azúcar siglos atrás. Es decir, en un modelo económico tan extractivo como el de la plantación en el siglo XIX, practicada indiscriminadamente, explotando sin límites los recursos naturales y humanos, con escasos beneficios sociales y económicos para los locales.

Para L.R.L., abogado con 21 años de experiencia en el sector empresarial, la condición de anonimato de los inversionistas hoteleros es preocupante, ya que el capital invertido no pasa necesariamente por las arcas del Estado, ni va a parar a ningún registro público.

“Se trata de una estrategia del Estado para no responder por las deudas de grupos cubanos como Gaviota S.A., Gran Caribe S.A., Isla Azul S.A. y Cubanacán S.A. Esto aparece recogido en el artículo 26 de la vigente Constitución”, advierte.

“En casi todos los países del mundo, las principales compañías realizan un resumen anual contable, de vista pública. En Cuba no. Y si no hay este tipo de resúmenes, ¿cómo se entera la Oficina Nacional Tributaria de cuánto deben pagar al fisco estas sociedades?”.

Al igual que en las plantaciones decimonónicas del azúcar, como parte de la esfera turística y dentro del sistema empresarial cubano, la explotación hotelera en Cuba consume recursos, pero las ganancias van a parar a bolsillos ajenos y no benefician a las empobrecidas comunidades cercanas. Por el momento, tampoco parece que tenga impacto en la mejoría de carreteras y otras infraestructuras del país.

La segregación y la apuesta exclusiva por el turismo extranjero en Cuba apuntan a un modelo de negocio inviable, que básicamente beneficia a las empresas militares, y que acabará fracasando, dada su concepción elitista y excluyente, incapaz de generar un entramado empresarial y un crecimiento armónico del entorno.