Elías Amor Bravo, economista

—Sorprende el interés mediático entre los dirigentes comunistas por una posible dolarización o “redolarización” de la economía cubana, un proceso que en ningún escenario realista de futuro podrá ocurrir. Un proceso que atribuyen a sectores de la oposición a la llamada revolución. Increíble.

De hecho, el régimen castrista es el que ha llevado a la economía cubana a pasar por una experiencia traumática como esa, y aceptó el dólar durante años cuando los cubanos dejaron de confiar en su moneda, el CUP, como consecuencia de la asfixia provocada por la desaparición del socialismo real y el derrumbe del Muro de Berlín. El llamado “período especial” fue la justificación para introducir el dólar en Cuba.Y volvieron a las andadas. Tan pronto como resultó posible, Fidel Castro personalmente puso fin a la circulación del billete verde que llegó a cotizar por encima de los 150 CUP, y para ello creó una moneda artificial el CUC a la que dos décadas después, sus herederos políticos quieren dar el enterramiento definitivo con la “tarea ordenamiento”.

Si se analiza la economía cubana con detenimiento se puede entender por qué el dólar nunca llegará a ser la moneda dominante. Cabe distinguir tres grandes bloques en términos de transacciones monetarias. El primero, puede ser denominado el bloque de precios normados, con transacciones en CUP, donde se encuentra el comercio intervenido, la libreta, la canasta y se cobran los sueldos y pensiones. Este es el bloque más importante de la economía en volumen monetario. El segundo, el de precios liberados, surgió para atender las deficiencias del primero, y ha venido operando en CUC y CUP, y tras el ordenamiento quedará solo en CUP. Y el tercer bloque, el de las tiendas en moneda libremente convertible, MLC, que surge con la Resolución 221/20198 del Ministerio de economía y la 275/2019, del Banco Central, a mediados de octubre del 2019. Este es el que opera básicamente en divisas, en dólares, mediante las empresas estatales autorizadas.Conviene tener presente que este bloque fue creado por el gobierno comunista para drenar divisas de los particulares al estado, en un momento en que los suministros de petróleo de Venezuela apenas daban para un mes. Las tiendas en MLC han funcionado como eso, y poco más.

Una pequeña fracción de las transacciones de la economía se gira en dólares, y además, con tarjetas emitidas por bancos previa apertura de depósitos en dicha moneda, por lo que no circula el papel, sino la capacidad de compra en dólares para aquellos que tienen acceso a la moneda.

Conforme la pandemia dejaba vacíos los hoteles de turistas y el comercio exterior a través de las cadenas logísticas se hundía de forma estrepitosa, la necesidad de divisas del gobierno aumentó. De hecho, ni se pudieron pagar las deudas con el Club de París. Ante una situación extrema, con la parálisis económica provocada por el COVID19, el Banco Central emitió una nueva Resolución, la No. 73/2020, que derogaba la anterior, 275 y disponía la ampliación del uso de las tiendas en MLC por personas naturales, autorizando la creación de cuentas en divisas para los no residentes.

Y estando así las cosas, el pasado mes de octubre, el gobierno aprobó la llamada Estrategia, con un conjunto de medidas para impulsar la economía y enfrentar la crisis mundial, dentro de las que la tarea ordenamiento, ha quedado integrada para eliminar las trabas que impiden un funcionamiento eficiente de la economía.

La Estrategia ha incrementado las ventas en MLC de alimentos y aseo de gama media y alta en los establecimientos de Tiendas Caribe y Corporación Cimex. Detectando un malestar social en aumento, las autoridades han tenido que salir a la palestra para declarar que no son decisiones que quiera el gobierno, pero que vienen exigidas por la dureza del momento. De igual, una parte importante de la sociedad cubana, los que no tienen acceso a dólares, se queda fuera de estas tiendas en MLC.

Quienes cuestionan estos diseños, ahora son atacados por el gobierno comunista como “enemigos de la Revolución cubana”, un argumento adicional al embargo y bloqueo, y a partir de ahí surge el argumento que las autoridades cuestionan, relativo a una posible “dolarización total de la economía”. Y en eso mienten.

Ha llegado el momento de hablar claro, y decir a los dirigentes comunistas que hay gente que no solo cuestiona la “revolución”, sino también la capacidad de gestión de sus dirigentes y la validez del modelo social comunista en vigor, y que por el contrario, no creemos posible ningún escenario de dolarización, ni tampoco vemos “fantasmas por todos lados”.

Lo que se trata es de alcanzar, de una vez por todas, una moneda única de curso legal en la isla, el histórico CUP, que refleje fielmente las transacciones de toda la economía, sin bloques, y evite tener que operar con dos monedas que, al final, son solo una y su fragmento. Ha llegado el momento de que esa moneda, el CUP, alcance el valor que le corresponde en los mercados de cambios internacionales con las principales divisas, y que su gobierno o Banco Central la defienda, implementando políticas económicas de rigor, cumpliendo con sus compromisos financieros en plazo y condiciones, y aumentando la credibilidad de las instituciones (el último informe de Moody´s recién publicado sigue situando la deuda cubana en la categoría de “bonos basura”, Caa2).

Lo que queremos realmente es que el CUP vuelva a ser una divisa fuerte, que proporcione soberanía económica a Cuba, que mejore la competitividad de la economía y de sus principales sectores productivos, que atraiga capitales e inversiones con el menor riesgo posible y que permita consolidar unas cuentas favorables con el exterior, que tiren de los distintos sectores generando empleo, riqueza y bienestar para todos los cubanos.

Frente a esta política dirigida a lograr estabilidad y rigor de la economía, el gobierno comunista ha ido creando parches que lo único que consiguen es alterar los débiles equilibrios, como la posibilidad de exportar producciones a través de empresas estatales y vender a la Zona Especial de Desarrollo Mariel, reteniendo el 80% por ciento de lo ingresado en MLC. Alguien puede justificar por qué solo se autoriza a esas empresas y no las establecidas en Santa Clara o Guantánamo. Esos son los parches del gobierno que acaban creando asimetrías.

Se tiene la impresión que las medidas del gobierno se orientan más a la urgencia de obtener divisas a cualquier precio, que a asegurar un funcionamiento adecuado de la economía. Los “encadenamientos”, tan deseados por las autoridades, no se puede conseguir porque el gobierno comunista no ha sido capaz de articular un mecanismo de tracción de los factores monetarios hacia la economía real, y viceversa. Un buen ejemplo de los desequilibrios macroeconómicos que no se consiguen arreglar. La idea de vincular el desarrollo de la industria nacional a la recaudación en MLC en la red de tiendas en CUC, se presenta como una quimera poco reflexiva que pone de manifiesto los límites del modelo de planificación central de la economía, que el gobierno se resiste a dejar atrás, para afrontar los retos de la globalización.

Ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre. Cuba nunca se dolarizará, ni es conveniente, ni se puede implementar una medida como esta con éxito. Depender de la emisión de dólares por la Reserva Federal y de las políticas monetarias y fiscales de EEUU sería un suicidio a largo plazo para una economía que, recuperadas sus instituciones democráticas, tendrá que crecer a un promedio del 5% sostenido durante al menos una década para salir del actual entorno de improductividad y bajo desarrollo.

Lo que Cuba necesita es dejar la demagogia y propaganda gratuita de sus dirigentes, y que gestionen bien el patrimonio y la economía. Sin tanta Estrategia ni ordenamiento. Mucho antes de plantear estas iniciativas, hay que avanzar hacia las libertades económicas, el respeto a los derechos de propiedad privada y el mercado como institución para la asignación de recursos y situar a las empresas privadas como protagonistas de la economía. El modelo intervencionista está obsoleto y no funciona. Las anomalías que acumula son tantas que hasta los dirigentes comunistas ven fantasmas, como la dolarización, donde no los hay.

Desde la oposición se puede, hoy más que nunca, defender una economía cubana con una sola moneda de curso legal, el CUP, que tenga su tipo de cambio en los mercados de divisas bien protegido con medidas de política económica y fiscal rigurosas que otorguen credibilidad a la economía. Desde la oposición, no se está hablando de dolarización de la economía. Eso es lo que escamotea el gobierno comunista cuando puede, volviendo a un pasado incierto que tiene poco sentido en el mundo global en que debe insertarse la economía cubana. Tener manos libres para hacer y deshacer tantas cosas, tiene estas consecuencias. Va llegando la hora de exigir responsabilidades y sobre todo, no mentir