Pedro Luis Ferrer | Foto © Granma.-

 

Redacción CiberCuba.-

—El cantautor cubano Pedro Luis Ferrer confesó las “amargas experiencias” que sufrió en la Isla tanto en el plano personal como profesional, por sus ideas políticas.

“A raíz de un viaje que hice a Perú, un cúmulo de sucesos incontrolables, de diversa índole, culminó en que el Ministerio de Cultura me prohibiera presentarme por dos años en escenarios públicos; que la radio y la TV apartaran mi música; que el Partido Único leyera una especie de bando medieval en los centros de trabajo, descalificando ciertas actitudes y visiones mías -a pesar de que nunca fui militante”, relató el trovador cubano.

Según sostiene, estas confesiones las hace sin el más mínimo rencor o afán de recopilar vivencias que le hagan parecer una víctima.

“Reconozco que en esos años el escenario desfavorable hacia mi persona también fue resultado de mi accionar ciudadano en pos de lo que instintivamente concebí como libertad para proyectarme y expresarme sinceramente (ingenuidad). Entiendo que cuando uno participa en una bronca, resulta difícil no sufrir las consecuencias, sobre todo en un contexto donde el acto de disentir podía y puede ser tramitado como un grave delito”, agregó.

El autor de “Debajo de mi voz” y “Espuma y Arena” sostuvo que “no estaba preparado (nadie lo está) para ser tratado como una mofeta”, a raíz de una carta que comenzó a circular en todo el país contra su persona.

“Coincidir en sitios públicos con funcionarios conocidos que fingían no verme, como si yo fuera una transparencia; ver colegas que cruzan la calle para no tener que saludarme… Rememoro con tristeza el día en que llegué a casa de un artista cercano a quien solía visitar. Él esmeradamente barría su portal. Cuando intenté abrir la reja, me dijo: “No, aquí no, ésta es la casa de un revolucionario.”

Luego de dos años, ese mismo hombre se presentó en su casa y confesó que había actuado de esa manera por miedo, y se echó a llorar.

Ferrer dijo que un grupo de músicos con los que trabajó fueron conminados por el Partido a firmar una carta contra su persona, dirigida a Fidel Castro.

“La confusión y el miedo y la desconfianza los hizo vulnerables. Me expulsaron del grupo (aunque era mío), tomaron los equipos e instrumentos que me habían asignado, se pusieron un nuevo nombre y comenzaron a presentarse. Algunos trovadores capaces les propiciaron obras para que tuvieran éxito sin mí. En fin, el ordenamiento del país dio lugar a esta penetrante secuencia de incidencias. Con el tiempo, la mayoría me manifestó su arrepentimiento y yo los perdoné de todo corazón, con el mismo perdón que deseamos para nosotros cuando cometemos un error”, dijo.

Ferrer hizo canciones que nunca se pusieron en la radio o la televisión estatal, porque abordaban temas con los que las políticas culturales no concordaban. Así, pudiéramos mencionar “100% cubano”, “Marucha la jinetera”, “La Habana está poblada de consignas”, “Venga el estado de derecho”, “Cadena de pájaros” o “Él tiene delirio de amar varones”.

No obstante, según afirma, nunca dejó de expresar sus ideas respecto a la política.

“Para nadie es un secreto que no comulgo con el diseño unipartidista del Estado; para nadie es un secreto que discrepo profundamente respecto a la severidad con que se sacude el acto de disentir”, apuntó.

“Después de experimentar los amargos años de relativo ostracismo que acabo de resumir, Dios ha querido que mi relación con el Instituto de la Música se produzca bajo el signo del más absoluto respeto. Decir lo contrario sería mentir. Y la mentira no sirve a causa limpia”, aclaró el cantautor.

En una ocasión, Ferrer habló sobre un concierto que intentó celebrar en La Habana sobre un inmenso basurero que había en la esquina de su casa, en 36 y 21, en el municipio Playa, pero que el gobierno le impidió hacer.

No pocas veces el cantautor ha dado encendidas declaraciones sobre el régimen de la Isla y la situación de lpaís.

“De Cuba me preocupa su estancamiento y su desarrollo, por dónde están los caminos más acertados, dónde podemos avanzar y estancarnos. Toda persona sensata tiene esa preocupación”, aseguró en una ocasión.