Marcha LGBTI independiente en La Habana, en mayo de 2019. / GETTY.

 

El primer año de internet en los móviles desató movilizaciones en las redes y en las calles. ¿Qué viene ahora?

 

DDC, Madrid.-

—El 6 de diciembre de 2018, el monopolio estatal de las comunicaciones en Cuba, ETECSA, permitió que los usuarios de la telefonía móvil se conectaran a internet. Hasta esa fecha, el Gobierno había intentado contener un “caballo de Troya” que iba a multiplicar e impulsar una sociedad civil independiente, atacada y preterida hasta ahora por el Estado.

Si el Gobierno no hubiera permitido el acceso a internet desde los teléfonos celulares, es posible que los cubanos no se hubieran movilizado vertiginosamente a través de las redes sociales para llevar alimentos, ropas y otros bienes a los afectados por el paso de un tornado categoría EF4 por la capital cubana, en enero del año pasado.

Ni tampoco, probablemente, la convocatoria a una marcha contra el maltrato animal en La Habana, en abril, hubiera alcanzado la afluencia y la atención mediáticas que la distinguieron.

Mucho menos se habrían movilizado activistas y personas LGBTI para marchar en la capital cubana, desde el Parque Central hasta Malecón, poniendo en entredicho la autoridad del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y del propio Gobierno.

El 2019 también será recordado como el año en que un grupo de gamers habaneros reclamó en redes sociales y en la calle, al menos una vez, el derecho a existir de una red comunicatoria e informal de internet. Hoy, Street Network (SNet) fue absorbida por el Gobierno, pero, con sus amenazas de protesta mantuvo en vilo al Ministerio de Comunicaciones (MINCOM) por varias semanas.

Acaso el MINCOM y ETECSA hayan sido los organismos del Estado más emplazados en las redes sociales este año por mantener los altos precios de la conexión a internet, irreconciliables con el salario mínimo en Cuba, que no supera los 40 dólares. Cada sábado durante varios meses, el reclamo de la ciudadanía impulsó la etiqueta #BajenLosPreciosDeInternet, usada hasta hoy para reclamar al monopolio de las telecomunicaciones tarifas más económicas.

De las redes a las calles

En abril pasado, parecía que la denuncia de la cantante cubana Dianelys Alfonso, “La Diosa”, contra el músico José Luis Cortés por presuntos abusos físicos y sexuales iba a desatar el movimiento #MeToo en la Isla. Aunque las acusaciones de la cantante no generaron el efecto dominó esperado por el activismo feminista, ni lograron sacar a la luz pública nuevos casos que evidencien los abusos machistas sistemáticos a que son sometidas las mujeres en Cuba, sí generaron un movimiento más discreto, aclimatado a la Isla con el nombre #YoSíTeCreo.

Acaso, el punto concluyente del movimiento contra la violencia machista fue la entrega de una Solicitud de Ley Integral contra la Violencia de Género al Parlamento. Sin embargo, a finales de diciembre, cuando la revista digital El Toque tuvo acceso al cronograma legislativo de Cuba hasta 2028, las 40 artistas, activistas y periodistas que enviaron su petición a la Asamblea pudieron ver que el Gobierno desestimó legislar una norma específica contra la violencia machista.

Si bien por un lado la sociedad civil avanzó sin cortapisas, desoyendo los llamados de atención de la Seguridad del Estado, por otra parte muchos reclamos mantuvieron la tibieza a que el régimen ha acostumbrado al activismo cubano: en diciembre, el grupo de mujeres que grabó en La Habana el himno feminista “Un violador en tu camino”, escogió un escenario controlado —el patio de la Universidad de las Artes— y tuvo que esperar la aprobación de un hombre.

Sin dudas, ningún grupo de la sociedad civil fue tan pujante en pasado año como el de los protectores de animales. Es posible que la marcha celebrada en El Vedado, en abril, —la primera que contó con el inusual permiso del Gobierno en más de medio siglo— haya inspirado a todos los activistas de diversas causas que, más tarde, salieron a las calles a reclamar derechos para sus comunidades.

Sin embargo, la marcha contra el maltrato animal —que evitó a toda costa su carácter confrontacional con las autoridades— fue seguida varios meses después de una protesta frente a uno de los centros de observación canina de La Habana. Los defensores de los animales difundieron  en redes sociales la etiqueta #AbajoZoonazis, blandieron carteles que decían “Abajo Zoonosis” en plena calle y no se dispersaron hasta que las autoridades sanitarias les entregaron los 13 perros que habían sido capturados durante las redadas previas a la visita de los reyes de España a la Isla.

Tras las posteriores reuniones de activistas animalistas con representantes de Zoonosis —supervisadas por Seguridad del Estado—, finalmente el Gobierno anunció que prepara una legislación sobre “bienestar animal”.

Sin embargo, no parece que los animalistas cubanos tengan la paciencia para esperar una legislación dilatada por décadas. El pasado 25 de diciembre los activistas convocaron a otra “protesta silenciosa” para reclamar justicia tras un acto de “crueldad extrema” que terminó con la vida de un perro en el barrio habanero de La Jata.

Por otro lado, en 2019 se hicieron más visibles los abusos del régimen contra periodistas, activistas y opositores cubanos, el sector más afectado históricamente por la represión.

La independiente Fundación para los Derechos Humanos en Cuba advirtió en diciembre que la disminución “notable” de las detenciones en la Isla “no se debe a que las autoridades se hayan vuelto más benévolas, sino a la mayor eficacia de las denuncias de cada vez más ciudadanos con acceso a tecnologías digitales”.

2020: Lo que sigue

Muchas veces las previsiones acertadas sobre el destino de Cuba no son difíciles, sino imposibles. ¿Se mantendrán en 2020 las protestas —o amenazas de protestas— de la sociedad civil? ¿Qué otros grupos intentarán tomar la calle? ¿Cuáles otras demandas saldrán a la luz?

De antemano, es posible prever que los grupos protectores de animales no postergarán sus reclamos, y que las mujeres nucleadas alrededor de diferentes iniciativas feministas no pasarán por alto la evasión del Parlamento para legislar sobre la violencia machista.

Es casi seguro que en mayo el CENESEX va a celebrar su conga oficial, cuya cancelación en 2019, junto a las vueltas de tuerca de la Asamblea Nacional para postergar la aprobación del matrimonio igualitario, detonaron la marcha LGBTI independiente.

¿O se va a retirar del espacio público la institución dirigida por Mariela Castro Espín, para evitar confrontaciones con las emergentes iglesias evangélicas, opuestas al matrimonio igualitario y a la llamada “ideología de género”?

Ahora, esas respuestas son lo de menos. Lo que importa es que harán, qué no, cuáles serán las demandas, qué calles tomarán, qué marchas propondrán, qué etiquetas harán virales en las redes sociales, los grupos de la sociedad civil en forcejeo con el Gobierno. Lo que sabemos, eso sí, es que 2020 no va a ser el año de reposo que necesita, a toda costa, el régimen de La Habana.