El presidente de EE.UU. ve a Francia «rompiendo con la Alianza» e «insultantes» las críticas del presidente galo

 

 

Por Esteban Villarejo, enviado especial a Londres / ABC.-

—Fue en 1966 cuando el entonces presidente francés, Charles de Gaulle, decidió retirar a Francia del mando militar integrado de la OTAN al proclamar aquella histórica frase «otanóloga»: «Modificar la forma de nuestra Alianza sin alterar el fondo».

Nada cambiaba «de facto», pues París seguía fiel al Artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte de defensa colectiva, pero ciertamente se evidenciaba un distanciamiento con Washington que, como lluvia fina, amenaza con calar de nuevo en la Cumbre de Londres, que arrancó ayer con la recepción de la Reina Isabel II en el Palacio de Buckingham y continúa hoy con la reunión de líderes en el hotel Grove (Watford, al noroeste de Londres).

Como si el péndulo histórico fuera la razón del eje trasatlántico Washington/París, ayer sus dos presidentes, Donald Trump y Emmanuel Macron, escenificaron como pocas veces su voluntad de entendimiento, pero también de discusión, para que la OTAN, ya con Francia en la estructura militar (año 2009) y con 70 años a sus espaldas, siga siendo útil a ambas sensibilidades geopolíticas.

La jornada comenzó con un Trump en estado puro. Tras un encuentro inicial con el secretario general de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, el presidente estadounidense evidenció su enfado con el colega francés: «Simplemente no puedes hacer declaraciones como esas sobre la OTAN […] Nadie necesita más la OTAN que Francia».

 

Reuters
Reuters.

 

Hay que recordar que en una entrevista con la revista «The Economist», el presidente galo aseguró la semana pasada que «actualmente estamos experimentando la muerte cerebral de la OTAN». Macron también defendió que el presidente Trump «no comparte nuestra idea del proyecto europeo» y que Estados Unidos muestra signos de «darnos la espalda», especialmente al retirar inesperadamente sus tropas fuera del norte de Siria.

Trump prosiguió con la arremetida en una comparecencia conjunta con Stoltenberg y calificó de «insultante», «desagradable», «muy peligroso» e «irrespetuoso» ese razonamiento de Macron al tiempo que veía a Francia «rompiendo con la OTAN». Los cimientos de la organización político-militar temblaron por momentos en Londres. Sin embargo, era el más puro estilo Trump: tensar pero no romper la cuerda.

Con la hora del té, todo se calmó. Al menos en apariencia. Ambos líderes aparecieron en Winfield House, residencia del embajador de EE.UU., donde escenificaron sus diferencias pero también su capacidad de entendimiento. De nuevo el péndulo.

«Tenemos una pequeña disputa que confiamos en poder resolver. Hemos hecho muchas cosas juntos como socios. Nuestros países han sido socios en muchas cosas, incluidas algunas que tienen que ver con el radicalismo islámico… siempre ha salido bien», dijo Trump.

Por su parte, en la rueda de prensa conjunta, Macron no tuvo reparos en subrayar de nuevo aquello que les distancia: la estrategia de retirada estadounidense en Siria, el diálogo estratégico con Rusia o situar la amenaza yihadista como asunto fundamental para unos 29 aliados divididos en torno al eje Este-Sur.

«El enemigo común hoy son los grupos terroristas. Y siento decir que no tenemos la misma definición de terrorismo en la mesa», explicó Macron en referencia al presidente turco, Tayyip Erdogan, que lanzó su ofensiva contra las fuerzas kurdas del norte de Siria (catalogadas de terroristas por Ankara) con la aquiescencia de la Administración Trump. «¿Quieres unos cuantos buenos combatienes del Estado Islámico. Te puedo dar algunos», dijo Trump. Encontrando en Macron un lacónico «Seamos serios».

Macron también aspira a que la OTAN gire estratégicamente hacia el Sahel donde Francia lleva el peso de las operaciones militares contra el yihadismo desde 2013. España comparte esta visión.

La defensa europea

Precisamente el líder turco es el tercer gran factor de inestabilidad de esta Cumbre de Londres tras la operación militar en el norte de Siria -por la cual terroristas del Estado Islámico escaparon de cárceles kurdas- y por la reciente compra del sistema de defensa antimisiles de fabricación rusa S-400, que ya ha sido probado por el Ejército turco. Lo primero irrita a Macron; lo segundo, a Trump, que vetó tras esa adquisición rusa la venta del caza F-35 a Turquía y que aspira a venderle el sistema de defensa antimisiles Patriot, «made in USA».

Con esta geopolítica industrial entramos en otra gran disputa que separa a Washington y París: el proyecto de defensa europeo y los fondos de la PESCO (Cooperación Permanente Estructurada), por la cual la UE destinará más recursos a la industria de defensa europea, donde Francia -con alianzas europeas o solitariamente- tiene empresas punteras en todos los sectores: Dassault o Airbus (aviación), Naval Grop (astilleros), GIAT/Nexter (vehículos), MBDA (misiles) o Thales o Safran (tecnológicas).

EE.UU. también desea participar en esos proyectos, o al menos ofertar sus sistemas de defensa en igualdad de condiciones (como el caza F-35 de Lockheed Martin). Aquí subyace el otro gran conflicto de EE.UU. con Europa: la guerra comercial.

Por último, está la cuestión del 2% del PIB en inversión en Defensa. Un mantra para EE.UU. desde que en la Cumbre de Cardiff (2014), con Barack Obama como presidente, se marcase ese objetivo de inversión a alcanzar en 2024.

Por ahora, solo nueve países cumplen el objetivo. Ayer, Trump apuntó de nuevo hacia Berlín, blanco de su crítica en la Cumbre del pasado año. «Hay un grupo de países que no paga una justa tarifa contribución a la OTAN». Avisados quedan