Manifestación de protesta contra la presentación de Haila Mompié en Miami. / CUBANOS POR EL MUNDO

Se nota una disminución de la tolerancia del exilio hacia los artistas, intelectuales y académicos comprometidos con la desinformación castrista.

Andrés Reynaldo.-

—En este año que va terminando se ha notado una disminución de la tolerancia del exilio hacia los artistas, intelectuales y académicos comprometidos con la desinformación castrista.

Los soviéticos, que heredaron el prurito epistemológico de la gran academia zarista, lo llamaban dezinformatsiya.

Aparentemente, el término fue acuñado por Stalin. Las traducciones disminuyen el sentido que tiene en ruso. Dezinformatsiya es mucho más que la simple divulgación de información falsa para engañar a la opinión pública. Es un arte, una estrategia, un concepto de dominio implementado por poderosas, tentaculares estructuras secretas.

La primera vez que escuché la palabra fue de boca del fallecido escritor Joaquín G. Santana. Nos había reunido a un pequeño grupo jóvenes escritores para presentarnos un libro que atacaba al disidente  Alexander Solzhenitsyn. Traducido por una editorial cubana, el panfleto presentaba a Solzhenitsyn como un tipo resentido, acomplejado, mediocre, a quien Occidente le regaló un Premio Nobel.

“¡Esto es una joya de la dezinformatsiya!”, nos dijo Santana, paladeando el prestigio de las palabras exóticas.

Ese libro, agregó, estaba siendo editado, a la vez, en todos los países del campo socialista. Y repetía “¡A la vez!”, admirado de aquella sincronía totalitaria. De Santana comentábamos en petit comité que, si bien no era un compañero que nos atendía, era sin duda el compañero que no nos desatendía.

Importante componente de la dezinformatsiya son un señalado grupo de artistas,  escritores y académicos dentro y fuera de la Isla. Las razones, el negociado, el espectro de su colaboración, son múltiples y de momento inescrutables. A Fulano le tendrán un caso sellado de abuso de menores, a Mengana la amenazarán con no dejarla entrar y salir, al otro le pueden cerrar el paladar, a la otra le prometieron una casa. Y habrá alguno, habrá otra, que sí serán de los meros meros, con su rango, su entrenamiento, sus regulares felicitaciones del alto mando y su personal de apoyo en cualquier lugar del mundo donde pongan pie.

Por supuesto, el azar también tiene sus mañas. Muchos contribuyen a la dezinformatsiya por ignorancia, oportunismo, efecto y dependencia de sustancias tóxicas, deseos de figurar o el infantil disfrute de epatar al exilio. Hasta habrá alguno que colabore, llanamente, de buena fe. ¿Hay algo más pueril que Descemer Bueno culpando al embargo de no haberse podido tomar un jugo?  ¿Puede concebirse un designio de inteligencia en los pa’trá y pa’lante de Pancho Céspedes?

Nadie le quita a esta gente el derecho a expresar libremente sus ideas. Bajo la misma premisa, esas ideas no están eximidas del debate, la crítica, la condena. En ese aspecto, la dezinformatsiya castrista trata de imponernos una camisa de fuerza. A fin de no ser intolerantes, debemos inhibirnos de juzgar su mensaje y ripostar a sus mensajeros. Todo esto sin que ellos se inhiban de nada.

Hace días se acusó de intolerantes a quienes protestaron por la presentación de Haila Mompié en Studio 60, en Miami. Haila es una de esos artistas fascinados con Fidel. Lo mismo aparecía besándolo en un acto público que llorando su muerte en la cola del funeral en la Plaza de la Revolución. Al final, Studio 60 canceló el concierto. Pienso yo que no tenía por qué. Hubiera cantado Haila con la policía protegiéndola de la protesta. Porque aquí la policía protege. Ahora bien, no se puede nadar siempre entre dos aguas. Si tú adoras a Fidel, es pertinente que te odien en Miami.

No hay nada reprobable en ser intolerantes con una dictadura de 60 años. En odiar a sus representantes, a sus voceros, a sus procuradores, a sus payasos. A los que quieren desarmar la indignación y la memoria. A los que se atreven a trivializar tu dolor. A los que quieren amarrar tus palabras en la lengua muerta de la servidumbre. Sean bongoseros o novelistas. Sean tontos de cajón o consumados agentes de la dezinformatsiya.